
El camino de Sonia no empezó con grandes focos. De niña, la timidez la paralizaba hasta que Don Diego, su profesor de música en el colegio, descubrió su talento y la impulsó a cantar en verbenas y musicales. Inspirada por bandas como McFly, aprendió inglés y a tocar la guitarra, una faceta que compartía en YouTube y que terminaría cambiando su vida para siempre.
Con apenas 20 años y cursa solo 4º de Periodismo, le llegó la oportunidad de audicionar ante los miembros de Auryn en un camerino. Sonia dejó la carrera para apostarlo todo. Sin embargo, los primeros tres años no fueron un camino de rosas: «No ganábamos dinero, todo se reinvertía en el proyecto«, confiesa la artista, recordando cómo sus padres la apoyaban económicamente para poder pagar un humilde hostal en Madrid mientras sufría las despiadadas críticas en redes sociales por parte del público en sus inicios.
El verdadero punto de inflexión para el trío llegó cuando el éxito comenzaba a consolidarse a nivel internacional. Tras fichajes con Disney y giras por Latinoamérica, Rocío Cabrera abandonó la formación sin previo aviso.
«Fue uno de los momentos más duros y dramáticos de mi vida«, revela Sonia. Pese al pánico inicial, tanto ella como Alba demostraron una madurez impropia de su edad, apoyando a su compañera en los cuatro conciertos que restaban juntas. Poco después, la incorporación de Tami —quien ya trabajaba como corista y bailarina de la gira— no solo devolvió la estabilidad al grupo, sino que provocó un auténtico tsunami mediático que terminó catapultando aún más la imagen de Sweet California.
«Sweet California era un producto comercial. El éxito ya no es llenar un WiZink Center para alimentar el ego, sino poder mantenerte de tu propia música y transmitir emociones«.
Tras llenar dos veces el WiZink Center de Madrid ante 16.000 personas y reinventar su sonido del inglés al español con discos como Origen, el grupo entró en un standby indefinido en 2022 derivado del desgaste y desacuerdos con la industria. . Ha sido precisamente en este tránsito hacia su carrera en solitario cuando Sonia se ha enfrentado a sus propias dudas existenciales.
«Yo tenía muy claro quién era, pero con el tiempo he tenido muchas dudas y creo que un poquito de crisis de personalidad», reconoce con enorme honestidad.
«Estoy súper agradecida con todo lo que me pasó con Sweet California, pero al final yo era solo un tercio y tenía unos límites. Viniendo de una girlband, cada una tiene un rol: coreografías, voces… Tiene que haber un equilibrio, porque si alguien destaca más que la otra, el proyecto se tambalea«.
Sin embargo, la cantante aclara que esos encorsetamientos no surgían del propio grupo: «Los límites no eran entre nosotras, entre nosotras todo súper bien. Era más bien desde fuera, desde el equipo, que decía: ‘tú te estás moviendo más fuerte que fulanita’ o ‘tú estás cantando más fuerte que ella'».
Hoy, Sonia se enfrenta al reto de la independencia artística. Con un sonido volcado al pop-rock orgánico donde ella misma compone y graba instrumentos, reconoce la frialdad del sector: al lanzar su proyecto en solitario, muchas de las puertas que se le abrían por el peso comercial de la banda se cerraron de golpe.
Aun así, la cantante mira al futuro con ilusión y lanza un mensaje directo a las nuevas generaciones que sueñan con la música: «No lo hagáis por dinero. En esta profesión requiere mucho sacrificio y paciencia; la verdadera motivación siempre debe ser el mensaje y la emoción».
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