
En la actualidad, el mercado tecnológico sufre de cierta monotonía. Salvo contadas excepciones en pantallas o formatos, la inmensa mayoría de teléfonos, ordenadores y tabletas comparten una estética idéntica. Esta búsqueda de la elegancia industrial terminó por desterrar la audacia visual que definió el cambio de siglo.
Aquel boom de la transparencia tuvo sus máximos exponentes en la industria del videojuego. Frente al diseño clásico y monocromático, Nintendo revolucionó el sector con las versiones de carcasas translúcidas de la Game Boy Pocket, la Game Boy Color o la famosa gama Funtastic de la Nintendo 64. La primera Xbox de Microsoft no se quedó atrás, lanzando ediciones de coleccionista en cristal y verde translúcido. En la informática personal, Apple hizo lo propio transformando la percepción del ordenador de mesa con el iMac G3.
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Las marcas no solo buscaban diferenciarse, sino también presumir de la ingeniería interna de sus dispositivos. Las tripas electrónicas, bien organizadas, pasaron a formar parte de la propia estética.
Sin embargo, el amor por lo transparente murió por exceso. La tendencia pasó de ser algo exclusivo a convertirse en un fmasivo que inundó cualquier producto cotidiano —llegando incluso a refrescos como la recordada Crystal Pepsi—. Lo que en su día se percibió como futurista, pronto empezó a parecer una moda pasajera y anticuada.
A esto se le sumaron motivos técnicos y de diseño:
Avance del minimalismo: Los fabricantes viraron hacia acabados en aluminio, plásticos blancos y el elegante (pero sucio) negro brillante (negro piano).
Estructura interna: Los componentes empezaron a requerir disipadores de calor más voluminosos, refuerzos de plástico internos y adhesivos que no resultaban estéticamente atractivos de enseñar.
Curiosamente, el único ámbito donde las carcasas transparentes jamás dejaron de fabricarse fue en las prisiones. Por motivos de seguridad y para facilitar la inspección de contrabando (drogas, armas o tarjetas SIM), televisores y radios penitenciarias han mantenido este diseño desde entonces.
Tras años dominados por la seriedad del metal y el cristal opaco, la nostalgia y las ganas de algo diferente están devolviendo la transparencia a las vitrinas.
Marcas como Nothing han construido toda su identidad corporativa recuperando esta estética en sus teléfonos y auriculares. A ellos se suman firmas como Beats, fabricantes de powerbanks, teclados mecánicos e incluso la propia Microsoft con ediciones especiales de mandos y consolas que rinden homenaje a sus versiones transparentes del pasado.
La tecnología transparente nunca llegó a desaparecer del todo; simplemente estaba esperando el momento perfecto para volver a enamorarnos.
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