
Los bulos sobre salud no son algo nuevo, pero Internet y las redes sociales han facilitado que se extiendan con mucha rapidez. Y sus consecuencias pueden llevar a abandonar un tratamiento, recurrir a alternativas poco seguras o adoptar hábitos perjudiciales. Así lo advierte la Escola de Salut del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, que junto al Instituto #SaludsinBulos ha elaborado un decálogo para ayudar a identificar este tipo de contenidos.
El primer paso es no quedarse únicamente con el titular. Una frase llamativa puede estar pensada para conseguir un clic y no reflejar exactamente lo que explica el contenido. Por eso, conviene leer la información completa y comprobar si lo que promete el encabezado aparece realmente respaldado en el texto.
También es importante mirar quién está detrás de la información. ¿Aparece un autor? ¿Es un profesional sanitario? ¿Se menciona una institución, un hospital, una universidad o un organismo oficial? Los contenidos anónimos o aquellos que no indican de dónde salen sus afirmaciones deberían hacernos desconfiar.
La fecha de publicación es otra pista sencilla pero importante. Un contenido antiguo puede volver a circular años después como si fuera una novedad y generar confusión. Antes de compartirlo, comprueba cuándo se publicó y si la información continúa siendo válida.
El aspecto de la publicación tampoco debería ser una garantía. Una página cuidada, una fotografía llamativa o un vídeo con muchas reproducciones no demuestran que la información sea cierta. Del mismo modo, una imagen puede haber sido modificada o utilizada fuera de contexto.
Hay otra señal especialmente importante: las recetas milagro. Si un contenido asegura que un alimento, suplemento, remedio casero o tratamiento puede curar prácticamente cualquier problema, lo recomendable es parar y comprobarlo antes de hacer nada.