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¿Vas a ayudar a tu hijo a comprar una casa? La diferencia clave entre donar o prestar dinero

Gana claridad sobre impuestos, riesgos y ventajas antes de transferir el dinero

Alba García-Fogeda

Comprar una casa se ha convertido en uno de los grandes retos de la vida adulta. Con precios elevados y ahorros insuficientes, muchas familias optan por ayudar económicamente a sus hijos. Pero cuando llega el momento de hacerlo, surge una duda clave: ¿es mejor donar el dinero o prestarlo? Aunque a simple vista pueda parecer lo mismo, la elección tiene importantes consecuencias legales, fiscales y emocionales.

Donación: un gesto sin retorno… pero con normas

La donación es cuando los padres le entregan dinero a su hijo sin esperar que se lo devuelva. Jurídicamente, es un acto gratuito en favor de otra persona, y para que tenga validez legal debe formalizarse por escrito, normalmente ante notario, detallando la cantidad y su destino. Luego, el hijo tiene que declarar ese importe ante Hacienda y liquidar el Impuesto de Sucesiones y Donaciones dentro de los plazos establecidos.

Desde el punto de vista fiscal, según ING, donar dinero para la compra de vivienda puede resultar más sencillo o más costoso según la comunidad autónoma donde resida el hijo:

  • En regiones como Madrid, por ejemplo, hay bonificaciones muy elevadas (hasta el 99% de reducción en el impuesto si el dinero se destina a vivienda habitual), lo que puede dejar prácticamente a cero la carga fiscal.
  • En otras comunidades, las ventajas son menores y el impuesto puede gravar desde el 7,65% hasta el 34% de la cantidad donada. 
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Préstamo familiar: ayuda hoy para la casa, compromiso mañana

El préstamo familiar, en cambio, implica que el dinero se devuelve, aunque sea poco a poco y sin intereses. Bien hecho, suele ser una opción fiscalmente más ventajosa, ya que no tributa como donación. Eso sí, es imprescindible firmar un contrato donde se especifique el importe, los plazos de devolución y que no se aplican intereses. También hay que presentarlo ante Hacienda para que quede constancia de la operación.

Uno de los errores más comunes es prestar dinero ‘de palabra’. Si no existe un contrato o no se cumplen los pagos pactados, Hacienda puede considerar que se trata de una donación encubierta, con la obligación de pagar impuestos y posibles sanciones. Por eso, los expertos recomiendan formalizar siempre la ayuda económica, incluso cuando existe total confianza entre padres e hijos.