Hay parejas que permanecen juntas pero no se sienten unidas. Suena a contradicción, pero existen infinidad de casos así y no se muestran tan aislados. La motivación escasea y la rutina es la que mueve a ambos a permanecer en una línea constante que ni es buena, ni es mala. Es posible que convivan con ellos el aburrimiento y la responsabilidad de una familia instalada en el tiempo, y que espera de los dos, la proyección de la imagen de ser una pareja modelo. Pero, ¿qué ocurre cuando las apariencias son tan evidentes que ni si quiera dentro de la propia pareja es posible salvar la felicidad? Llegados a este punto, cabe la posibilidad del replanteamiento, si es que sigue existiendo cierto amor, un respeto y sobre todo, el deseo dormido de que ciertamente hubo algo entre los dos. Si por el contrario, la relación está consumida, no queda ninguno de estos emplazamientos y ambos prefieren vivir por separado antes que juntos, puesto que no se sienten motivados como para volver a empezar, ni si quiera por los hijos, es mejor que se pacte la ruptura.
El peso de los años en contraposición a la fase inicial del enamoramiento es un referente a la hora de valorar el momento culmen de la relación, ya que aquél surge sin pensar, para instalarse en los dos de forma automática, mientras que en una relación estable, es prioritario trabajar consciente y firmemente esta parte del amor adquirida, ya que el tiempo de convivencia y el de la misma pareja se puede ver afectado por otros factores, como son el exceso de trabajo y las preocupaciones. Una pareja que defiende el éxito de su relación se caracteriza por defender el equilibrio de una relación sana, sin imposiciones, y porque respeta los tiempos compartidos y los también espacios independientes de cada uno. Los extremos no son nada beneficiosos, al contrario. Tanto la dependencia como el excesivo desapego de los dos, cuando ella y él van a lo suyo y por libre siempre, rompen el concepto de proyecto en común desde cualquier perspectiva. En el equilibrio reside la clave y la sensación de armonía. La inercia de estar en pareja no significa renunciar a que uno pueda desarrollarse por sí mismo en otros ámbitos. Sin duda, en una relación auténtica, esta posibilidad será complementaria.
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