Cuando ves una fotografía en las redes sociales de la última superluna, piensas: «esto tiene truco». Dudas de que esa imagen de cuento sea real: «A la fuerza oculta un filtro de Instagram«, sentencias. Lo mismo ocurre, sin el universo digital de por medio, cada vez que contemplas cómo tu pequeño babea cuando tiene cerca una gominola. ¿Una chuchería es una trampa en un recipiente despampanante?
Sus colores chillones, esos aromas que te hacen morderte los labios y las atrayentes representaciones (gatitos, ositos, moras, huevos fritos, serpientes, dentaduras, delfines…) te hipnotizan. Esas fascinantes y apetecibles siluetas son el gancho para que consumamos las golosinas, situadas siempre bajo la lupa. ¿Cuál es su verdadera composición? ¿Cómo se hacen? Damos respuesta a todas tus dudas.
Empezamos por lo obvio. Sí, los caramelos tienen azúcar, aunque no como para provocarte una caries con solo olerlos, ni tanto como aquellas cartas que intercambiabas con tu pareja cuando eras adolescente. Concretamente, un 50 por ciento de la composición de una nube, una goma de mascar o una piruleta corresponderá a jarabes de glucosa y azúcares procedentes del coco, la caña, la palma o la remolacha.
¿Y cómo pueden tener ese formidable aspecto? La clave reside en la gelatina. Esta se obtiene aplicando calor al colágeno. ¿Pensabas que esta proteína estaba solo en la crema que te aplicas cada mañana en la cara? Pues no. Esta sustancia que posee el tejido animal (se encuentra en cartílagos, huesos o tendones) no solo sirve para mantener la salud de tu piel.
Además de ejercer de elixir de juventud, como aquella canción de Antonio Vega, el colágeno es empleado también para que las chucherías nos entren por los ojos. Por otra parte, este compuesto podemos encontrarlo igualmente en helados, yogures o postres, que ven así mejorada su apariencia.
Bien es cierto que en otros casos se usa la pectina, una fibra natural que reside en los cítricos y las manzanas. Probablemente, hubieras utilizado esta excusa relacionada con las frutas para que tus padres te hubieran permitido el atracón a caramelos en tu décimo cumpleaños, ¿estamos en lo cierto?
Lógicamente, no descubrimos nada nuevo si te decimos que no es recomendable atiborrarse de golosinas a diario. Es cierto que no aportarán nutrientes al organismo de tus pequeños. Eso sí, ni son tóxicas ni dañinas si no se abusa de ellas.
Continuando con su elaboración, hemos de decir que a las deliciosas figuritas que salen de los moldes se les aplica cera de abeja y otras grasas para que su brillo permanezca. Además, se echa mano de la vitamina C para potenciar su sabor.
«Sí, pero ¿qué hay de esos colores que invitan a devorarlas?», te estarás preguntando. Los fabricantes apuestan cada vez con más rotundidad por los colorantes naturales. Por ejemplo, los pigmentos procedentes de las uvas o los arándanos consiguen el violeta; el rojo se logra con un insecto: la cochinilla; el naranja, con las semillas de un árbol tropical; y el verde, mediante la clorofila.
Es cierto que el exceso puede provocar obesidad, causar caries, elevar el colesterol en la sangre o favorecer la diabetes. Pero las chuches poseen alguna bondad que las hace imprescindibles en ocasiones esporádicas. Por un lado, nos ponen de buen humor y nos aportan energía. Además, resultan agradables al paladar y satisfacen un antojo.
En definitiva, el consumo moderado de gominolas, aplicado en una dieta saludable, no afecta a la salud de manera dañina. ¿Las chucherías? Mejor a una distancia prudencial… pero no vayas a fastidiarle su fiesta de cumpleaños.
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