Cuando los de Estopa cantaban eso de «llevo diez horas durmiendo y mi almohada está empapada» no se referían al sudor ni a las lágrimas. Eran las babas, seguro. ¿Cuántas veces te ha pasado lo de mojar la almohada? Quizá te avergüence un poco y tu gente se cachondee.
Pues eso se acabó. Lo de la vergüenza, no lo de babear. Tú sigue como una babosa, a tu rollo, que es buena señal. ¿No te lo crees? Sigue leyendo.
¿Por qué no podemos controlar ese babeo? La verdad es que mientras dormimos no controlamos gran cosa de nada, pero la duda es muy legítima. Al fin y al cabo, hay funciones fisiológicas que controlamos despiertos y tampoco se les va la olla cuando estamos dormidos. En realidad, el babeo está relacionado con la profundidad del sueño.
Quizá sepas que no dormimos de una manera homogénea. A lo largo del sueño se presentan varias fases diferentes de mayor y menor profundidad. En cada una de ellas se producen diferentes fenómenos en nuestro organismo. Es parte del ‘reinicio’ de nuestro sistema operativo.
La fase en la que caemos en el pozo más hondo del sueño, esa en la que estamos de verdad dormidos como un tronco, se denomina fase REM.
En esta se realiza el mantenimiento profundo del cerebro. La oficina que es nuestra cabeza pasa por la auditoría del sueño. Se ponen en orden algunas cosas que corren por ella durante el día y las experiencias ganadas. Los documentos se guardan bien en los archivos adecuados, se tiran las cosas que no sirven, se hace doble copia de lo que sí es importante y las hojas de cálculo mental se revisan y aclaran.
La mesa del despacho neuronal se limpia, los cajones se ordenan y se cambian las bombillas de las ideas. Para que la oficina esté perfecta al día siguiente, durante la fase REM tiene que hacerse un mantenimiento profundo. Tanto que se apagan algunas funciones que, en ese momento, no aportan nada y solo consumen recursos. Se cierran las puertas de los departamentos que no importan en ese instante. Uno de ellos es del control de babeo.
En definitiva, si chorreas como una babosa es, en realidad, porque tienes el cerebro en marcha. Muy lejos y como un eco imperceptible, pero ahí está, trabajando a tope en sus cosas.
Durante la fase REM el control mandibular se apaga y los músculos de la cara se relajan tanto que la boca se abre. La función de deglutir se detiene. De pronto dejas de tragar saliva, un acto que suele ser involuntario y automático. Pero no dejas de producir babas, porque la boca debe mantenerse ligeramente húmeda. El ritmo de generación de líquido no es tan grande como cuando estás despierto, pero sigue activo.
Así que blanco y en botella: babas a tope. La mandíbula se suelta, se relaja, y toda esa saliva que sigues produciendo sale sin vergüenza alguna a empapar la almohada, las sábanas y hasta el colchón.
Hacer un charco de babas quiere decir que has dormido realmente bien, que te has relajado lo suficiente como para desconectar del todo. Es decir, que has descansado como debe descansarse. La verdad es que lo preocupante sería no babear nunca. Ahí podría haber un trastorno del sueño, falta de descanso.
Sí, tendrás que poner una lavadora de almohadas, pero míralo por el lado bueno. Parecer una ameba moribunda ya no será un motivo de vergüenza. ¡Muestra tus babas con orgullo!
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