Típico: se te caen los ojos de sueño, pero te metes en la cama y no hay manera. Vueltas y más vueltas. A comer techo. A darle vueltas al coco. A estresarse. A mirar el reloj y ver que llegan las tres de la madrugada. Y el despertador sonará a las siete.
¿Te suena de algo? Dormir es una necesidad y un placer, pero por desgracia no siempre es fácil ni automático. Existen algunos hábitos que evitan que concilies el sueño, que te den las tantas y, lo peor, que te rindas, enciendas la tele y te pongas a ver los programas de tarotistas de madrugada. Felicidades, amigo insomnio, has ganado y encima me das pesadillas. ¿Estarás practicando alguno de los siguientes malos hábitos?
Es una obviedad, ¿cierto? Todos sabemos que el café no te ayuda a sobar. Por eso no tomas una tacita después de cenar. Pues bien, a lo mejor eso no es suficiente. ¿Bebes un café a media tarde? ¿Meriendas con él? ¿Te has tomado siete tazas durante la mañana para no dormirte encima del teclado?
La cafeína no desaparece con tanta rapidez como piensas. No deberías tomar café después de las cinco o seis de la tarde, pues esta sustancia permanece en el cuerpo hasta doce horas.
Por supuesto, quien dice café, dice té, refrescos estimulantes o el chocolate. ¡No! ¡El chocolate nooooo! (grito desgarrador).
Lo sabemos, algunos programas de la tele son superadictivos y acaban a las tantas. Y así es difícil acostarse a una hora decente de gente de bien, como diría tu abuela.
También sabemos que en tus veintitrés grupos de WhatsApp se están contando cosas que podrían salvar al planeta de una invasión de ninjas alienígenas, arreglar todos los problemas del país (con puñetazo en la mesa) y cantarle las cuarenta al tío ese de Corea del Norte. ¡Ah!, y resolver ese asuntillo de tu prima, que está fatal de lo suyo.
Y sí, los juegos de granjas y de romper caramelos necesitan tu atención.
Pero todo eso no hace más que mantener tu cerebro activo y atento. Al final te acuestas a tope de estímulos, en vez de en caída libre hacia la relajación. Mal asunto.
Si quieres dormir bien, debes asumir cierta disciplina. La salvación del planeta puede esperar a mañana. Nada de tele, móviles, música, ruiditos ni lucecitas de notificaciones al menos una o dos horas antes de la ‘hora decente’.
La rutina es amiga del cuerpo. Cuando el cerebro sabe lo que va a pasar, cuando está habituado, entonces acaba por ceder y él mismo entra en letargo. Si cada día te acuestas a una hora distinta, el cuerpo nunca sabrá que ‘es la hora de dormir’, así que no estará en sintonía con tus intenciones. Mal asunto. Tú quieres sobar y él está de farra.
Adopta horarios para conseguir unos saludables hábitos de sueño. Fija una hora para ir a la cama, paro también para lo que hay antes: una hora más o menos igual para cenar, para ducharte, para hacer deporte… En realidad, mantener una rutina relativamente estable durante todo el día será de gran ayuda. Una vida ordenada será buena para ti y tranquilizará a tu madre.
Así que ya sabes, ayúdate a ayudarte. Colabora con tu propio organismo para que él te regale el descanso que mereces, con el que tener una vida más saludable y más energía al día siguiente. Poco a poco, dormirás como un bebé. Aunque tengas cuarenta y tres tacos.
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