Este verano nos referíamos a un estudio de la Universidad de Sao Paulo, que explicaba que el 20,3% de los alimentos que se consumen en España son ultraprocesados. Y es que el nuestro es el segundo país mediterraneo con mayor consumo de estos después de Malta (con un 27,6%). Una cifra preocupante pero todavía lejos de EE.UU dónde se consume un setenta por ciento de este tipo de alimentos procesados.
Y decimos que es preocupante porque, cómo hemos dicho en más de una ocasión, este tipo de alimentos aumenta el riesgo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y colon irritable entre otras enfermedades, a lo que hay que sumar además los problemas asociados a la salud mental. Y es que parece que el consumo de bollería, galletas, aperitivos y alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de tener ansiedad y depresión y lo que es más grave, sobre todo en menores. Y no solo eso, sino que estos generan una adicción similar a la del alcohol o el tabaco.
Desde La Vanguardia aluden precisamente a un estudio publicado en la revista The British Medical Journal que explica que «El 14% de la población adulta y el 12% de los niños son adictos a los alimentos ultraprocesados, lo que implica un nivel de adicción “sin precedentes” nunca registrado en población infantil», explican.
Aunque en el caso de los alimentos ultraprocesados, esta adicción no se produce por una sustancia en concreto, como con la nicotina en el caso del tabaco, explican la doctora Susana Jiménez, jefa de la Unidad de Psicología Clínica del Hospital Universitario de Bellvitge (HUB) e investigadora del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell), y el el doctor Fernando Fernández Aranda, coordinador de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del HUB y también investigador del IDIBELL, que han participado en el estudio.
Lo que ocurre en el caso de este tipo de alimentos es que consumirlos, «activa circuitos neuronales de recompensa de manera similar a como lo hacen otras sustancias. Esto implica el desarrollo de comportamientos impulsivos, la desregulación de las emociones, una salud física-mental deficiente y una calidad de vida más baja», explica la doctora Jiménez.
Y es que los expertos creen que es la combinación de muchos componentes lo que los convierte en adictivos y hace que los consumamos sin control. La combinación de diferentes ingredientes y aditivos , además del formato y la presentación de estos alimentos, pueden incrementar su potencial adictivo.
Los doctores consideran esencial para reducir su consumo, el desarrollo de «guías clínicas para el tratamiento, gestión y prevención de la adicción a este tipo de alimentos». Además de medidas como «aplicar tasas a los alimentos ultraprocesados o limitar su marketing» o nuevas normas para etiquetarlos como adictivos.
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