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¡Cuidado con lo que dices! Las tres palabras que más afectan a un niño

Cuando el lenguaje condiciona las emociones de los más pequeños según la crianza respetuosa

Alba García-Fogeda
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Madre con niño enfadado
A veces no son los gritos lo que duelen, sino las pequeñas frases del día a día que le dice a un niño. Tres palabras dichas sin mala intención pueden marcar la diferencia entre sentirse comprendido o no. Y, según la crianza respetuosa, hay una en particular que conviene desterrar del vocabulario familiar.

Esa frase es… «Hay que compartir»

Según explican los expertos en Como ser madre día a día, esta fórmula fuerza al niño ceder algo suyo antes de que esté preparado para comprender el acto del compartir como un gesto voluntario.

Lo que para un adulto es una sencilla norma social, para un pequeño puede ser una contradicción con su sentimiento de posesión o pertenencia.

Compartir I Getty

Otras expresiones que apagan los sentimientos de un niño

Pero no solo esa frase merece atención. En la crianza respetuosa se advierte contra otras expresiones comunes que, aunque no expresen intención negativa, pueden tener efectos no deseados:

¿Por qué estas palabras tienen tanto peso?

Porque el lenguaje no es neutro. Modela la percepción de uno mismo, las relaciones y el mundo. En la primera infancia, cuando el apego y la confianza se están cimentando, cada frase que escuchan los niños deja huella.

Las expresiones que mandan callar sus emociones o que imponen un ritmo ajeno al que llevan pueden reforzar inseguridades, comparar su valor con la obediencia, o fomentar que oculten sus sentimientos.

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El enfoque de la crianza con apego nos recuerda que los niños merecen legitimar lo que sienten, que su palabra cuenta, que sus tiempos deben ser respetados.
Madre hablando con su hijo I Getty

Transformar estas expresiones, ideas para el cambio

  1. Escucha activa antes de corregir. Si el menor se expresa, acompáñalo con preguntas antes de imponer.
  2. Ofrece opciones reales. En vez de «hay que compartir», podrías decir: «¿Quieres que juguéis juntos o guardamos tu juguete?» Permites elección.
  3. Reconoce la emoción de tu hijo. Cambia «no llores» por «veo que estás triste, ¿me lo cuentas?» Así validas el sentir.
  4. Da espacio para el esfuerzo. En vez de anticipar la ayuda, espera a que pida: «¿Necesitas que te ayude o prefieres probar?»

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