
La relación entre el cerebro y el aparato digestivo es mucho más estrecha de lo que solemos pensar. De hecho, el intestino es conocido como ‘el segundo cerebro’ por la cantidad de conexiones nerviosas que comparte con la mente. Por eso, cuando estamos sometidos a estrés o anticipamos una situación que nos genera inquietud, el cuerpo responde.
Según explica el doctor José Luis López González, especialista en Aparato Digestivo, ante una situación de nervios el organismo activa el llamado modo alerta. Se liberan hormonas como el cortisol y la adrenalina, que preparan al cuerpo para reaccionar. El problema es que, en ese proceso, el sistema digestivo pasa a un segundo plano y puede alterar su funcionamiento normal.
Esto se traduce en síntomas como dolor abdominal, sensación de hinchazón, náuseas, gases, diarrea o incluso pérdida de apetito. No se trata de una enfermedad en sí, sino de una respuesta física a una emoción intensa. Aun así, cuando se repite con frecuencia puede afectar al bienestar diario.
Los expertos coinciden en que la clave está en aprender a gestionar los nervios antes de que «el cuerpo hable por nosotros». Luisa Varela, directora técnica de Vitae Health Innovation, que ha analizado cómo el estrés afecta a la digestión, destaca que técnicas como la respiración profunda ayudan a enviar al cerebro una señal de calma y reducen la actividad del sistema nervioso entérico.
Respirar de forma profunda y pausada ayuda a enviar al cerebro una señal de calma. También puede ser útil evitar comidas copiosas justo antes del evento y optar por alimentos suaves y fáciles de digerir.
Otro consejo habitual es reducir el consumo de café y bebidas estimulantes en momentos de estrés, ya que pueden intensificar los síntomas digestivos. Caminar unos minutos, escuchar música relajante o practicar técnicas sencillas de relajación puede marcar la diferencia.
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