
Este aumento se traduce en 16 minutos más al día que el año anterior y refleja una tendencia que no deja de crecer. Las aplicaciones de redes sociales se llevan la mayor parte del tiempo, con un 34% del total, seguidas por las de entretenimiento (31,4%), utilidad y productividad (14,4%), videojuegos (11,1%), compras (1,5%) y otras (6,8%).
En 2024, el 97,6% de la población mundial posee un smartphone, lo que supone un total de 6.970 dispositivos activos.
Además del tiempo, el consumo de datos también ha crecido. Cada teléfono móvil inteligente consume de media 21,13 GB al mes, un 30% más que el año anterior. La mayoría de estos datos se destinan a aplicaciones de vídeo (72,7%), seguidas por redes sociales (8,9%), actualizaciones de software (3,1%), navegación (2%), audio (1,4%), compartición de archivos (0,5%) y otras apps (11,7%).
Entre las mujeres de 16 a 34 años, el 97,2% utiliza el teléfono móvil para conectarse y hacer uso de Internet, mientras que en el grupo de 55 a 64 años el porcentaje es de 95,7%. En los hombres, las cifras son similares: 96,3% en los más jóvenes y 94,6% en los más mayores.
El uso intensivo del móvil ha despertado preocupaciones en el ámbito de la salud mental. Expertos advierten que el abuso de pantallas puede provocar ansiedad, insomnio, deterioro cognitivo y aislamiento social. La llamada ‘nomofobia‘, el miedo a estar sin el móvil, y el ‘phubbing‘, ignorar a otros por mirar la pantalla, son ya parte del vocabulario cotidiano.
Frente a esta hiperconectividad surgen iniciativas para fomentar un uso más consciente del móvil. Desde establecer ‘horas sin pantalla’ hasta promover actividades offline. La clave está en recuperar el control sobre el tiempo digital, algo por lo que desde centros escolares y empresas han empezado a implementar políticas de desintoxicación tecnológica.
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