
Picor de ojos, congestión nasal y estornudos constantes están apareciendo incluso cuando todavía no hemos entrado oficialmente en primavera. En este punto la pregunta es inevitable, ¿hay que guardar las zapatillas de deporte hasta que bajen los niveles?
La respuesta es clara: no. Aunque las lluvias y los cambios de temperatura han disparado la concentración de polen antes de tiempo, los expertos, como los miembros de Quirón Salud, coinciden en que se puede seguir haciendo deporte al aire libre si se toman ciertas precauciones y se adapta la rutina.
Uno de los trucos más efectivos, y menos utilizados, es revisar los niveles de polen en tu ciudad antes de entrenar. Las concentraciones suelen ser más elevadas a primera hora de la mañana y al atardecer. Por eso, optar por las horas centrales del día o salir después de la lluvia puede reducir notablemente los síntomas.
El polen no desaparece cuando acaba el entrenamiento. Se queda adherido a la piel, al cabello y a la ropa. Por eso, ducharse nada más llegar a casa y cambiarse de ropa es fundamental. Un lavado nasal con suero fisiológico puede ayudar a limpiar las vías respiratorias y aliviar la congestión.
Si los niveles están muy altos o el viento arrastra partículas, conviene ser flexible. Un entrenamiento en interior, ya sea en el gimnasio, en la piscina cubierta o en casa, puede ayudarte a mantener la constancia sin exponerte de más.
Los profesionales en la materia explican que adaptar el entorno es una de las estrategias más eficaces para reducir la exposición a los alérgenos sin renunciar a los beneficios del ejercicio físico.