
En el norte, el fuego tiene un componente místico ancestral. En Galicia, las playas se llenan de hogueras, fogatas tradicionales (cacharelas). La tradición manda saltar el fuego un número impar de veces (normalmente nueve veces) para conseguir protección y espantar a las meigas (brujas) y la mala suerte. Nos imaginamos a Miriam Rodríguez saltando sin despeinarse, y espantando los malos rollos del año cantando a pleno pulmón mientras disfruta del menú obligatorio de la noche: sardinas asadas con pan de maíz y vino de la tierra para dar la bienvenida al verano por todo lo alto.
En la Comunidad Valenciana todo son palabras mayores. En Alicante las calles se inundan de monumentales obras de arte de cartón, madera, corcho y pintura que son devoradas por las llamas en la espectacular cremá, para terminar con la divertida banyà, donde los bomberos refrescan a la multitud con mangueras. Aquí Bebe juega en casa. Seguro que esta noche ideal es puro Mediterráneo: amigos, fiesta en la calle, el calor del fuego valenciano y, por supuesto, terminar empapados en la banyà celebrando que la vida está para disfrutarla.
En las costas andaluzas se vive a pie de playa con las famosas “moragas” (barbacoas donde se asan al fuego sardinas u otro tipo de pescado). Se queman los “júas” o “juanillos” (muñecos de tela, madera y de trapo que representan a personajes conocidos) y a las doce de la noche todo el mundo corre al agua para atraer la buena suerte.
El plan andaluz es el más idílico. Nos imaginamos a la gaditana Merche mostrando la moraga definitiva, con palmas, guitarra y mucha alegría en la arena. Y justo a medianoche, al malagueño Pablo Alborán cumpliendo el rito: metiéndose en el mar bajo la luz de la luna, buscando la inspiración para su próxima balada romántica.
La noche catalana es sinónimo de hogueras encendidas con la mítica Flama del Canigó, cenas en terrazas con amigos y el estallido de los petardos. En cuanto a los artistas, Estopa montará la fiesta en su barrio de Cornellà o en la playa. El plan de los hermanos Muñoz es el más canalla y auténtico: una buena mesa con su “coca de Sant Joan”, el ruido de los petardos de fondo y ellos tocando la guitarra alrededor de una hoguera improvisada hasta que salga el sol.
Aunque en la capital no haya playa, la noche se vive al máximo en las tradicionales verbenas de barrio (como Tres Cantos y Alcobendas). Los madrileños se reúnen alrededor de grandes piras de fuego populares sobre el asfalto. Dani Martin y Malú, madrileños de pura cepa, son de los de un plan de azotea con vistas al “skyline” de Madrid, viendo el humo de las hogueras de la ciudad, compartiendo risas y quemando en el fuego esos recuerdos del pasado que ya no suman para empezar el verano con el contador a cero.
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