
️ Alaska rompe el silencio en esRadio sobre Sabina y las “chicas Almodóvar”:
“Esa generación siempre nos despreció”
Viejas rencillas que vuelven al foco y reabren el debate cultural.#Alaska #Sabina #Almodóvar #Cultura #Polémica #esRadio pic.twitter.com/pzttioyb9r— TVMASPI (@sebas_maspons) April 15, 2026
La artista ha querido matizar que no se siente dolida por el contenido de la canción de Joaquín Sabina, pero sí ha señalado un contexto que, para ella, resulta clave para entender cómo se percibía el pop en aquella época: «esa generación siempre nos despreció», ha explicado, en referencia a la mirada que recibía el universo más pop durante los años de la Movida.
Una reflexión que apunta a unas palabras que dijo hace unos días el director Pedro Almodóvar en el pódcast La Pija y la Quinqui: «Yo no le llamé para decirle nada, no hablamos de ello… yo creo que él llevaba mal que yo no estuviera de acuerdo con esa canción». Una sensación compartida por muchos artistas de aquel movimiento: la de no ser siempre tomados en serio por parte de sectores culturales más tradicionales.
Tras 34 años, Almodóvar hablar de su descontento con la canción de Joaquin Sabina «Yo quiero ser una chica Almodóvar».
️En su letra «había mala leche, él diría que es crítica social» pic.twitter.com/wf3cBRM6Fd
— Nicolás de León (@salocinuy) April 15, 2026
En ese contexto nació Yo quiero ser una chica Almodóvar, publicada en 1992 y convertida en una de las composiciones más reconocibles del repertorio de Sabina. El tema retrata el universo creativo del cine de Pedro Almodóvar a través de referencias directas a actrices como Carmen Maura o Victoria Abril, además de escenas y títulos que forman parte del imaginario del director.
Sin embargo, la propia Alaska ha apuntado que la canción contiene «una cierta ironía», aunque sin llegar a ser «una cosa sangrante». Un matiz que abre la puerta a una lectura más compleja del tema.
Desde su publicación, la canción ha generado una pregunta recurrente: ¿es un homenaje o una caricatura del universo Almodóvar? El propio Pedro Almodóvar ha reconocido recientemente que el tema «no le gustó nada», al considerar que escondía una ironía que podía interpretarse como una forma de ridiculizar a sus musas y su cine.
Esa ambigüedad es precisamente la que ha mantenido viva la conversación durante décadas. Una letra que juega con el exceso, la libertad y el universo kitsch que caracteriza su filmografía, pero que también puede leerse desde la distancia o la exageración.
Para entender las palabras de Alaska hay que volver a los años 80 y 90, cuando la Movida madrileña transformó la música, el cine y la estética en España. Fue una etapa de ruptura creativa, pero también de choque de miradas. Mientras unos celebraban la libertad y la experimentación, otros observaban ese fenómeno con cierta distancia o escepticismo.
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