¿Alguna vez has sentido un dolor punzante o molesto en las espinillas al andar o correr? Esa sensación incómoda que empieza como algo leve, casi sin importancia, pero que puede terminar yendo a peor con cada paso, es más habitual de lo que pensamos. No hace falta con ser deportista profesional, a veces basta con aumentar el ritmo de nuestras caminatas o cambiar de calzado.
No estás solo. Este malestar tiene nombre técnico. Se trata de periostitis tibial o síndrome de estrés tibial medial y, según explican desde Mayo Clinic, se produce por la sobrecarga de los músculos, tendones y del tejido que rodea la tibia, el hueso largo situado en la parte frontal de la pierna. En otras palabras, es una inflamación provocada por el impacto repetido o por un esfuerzo para el que la pierna aún no estaba preparada.
Es un problema frecuente en personas que empiezan a hacer ejercicio, en corredores que incrementan la intensidad de sus entrenamientos o en quienes caminan largas distancias sobre superficies duras como el asfalto.
¿Por qué aparece el dolor de espinillas?
Las causasde esta dolencia suelen estar relacionadas con:
Aumentar la actividad física de forma brusca, sin una adaptación progresiva.
Entrenar o caminar sobre superficies duras o irregulares.
Usar zapatillas sin suficiente amortiguación o muy desgastadas.
Tener pie plano o un arco muy pronunciado, lo que modifica la forma en que el pie absorbe el impacto.
Al principio, el dolor suele notarse durante la actividad y mejora al descansar. Pero si se ignora puede volverse más constante e incluso aparecer en reposo.
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¿Qué hacer para aliviarlo?
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La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, no se trata de una lesión grave y mejora con cuidados básicos:
Descanso relativo. Reduce temporalmente las actividades que provocan impacto. Puedes optar por alternativas de bajo impacto como nadar o montar en bicicleta.
Aplicar hielo. Colocar frío en la zona durante 15 o 20 minutos ayuda a disminuir la inflamación.
Estirar y fortalecer. Trabajar la musculatura de gemelos y tobillos mejora la resistencia de la zona.
Cambiar el calzado. Unas zapatillas adecuadas marcan la diferencia. La amortiguación y el soporte son clave.
Progresión gradual. Si empiezas a entrenar o retomas la actividad, aumenta la intensidad poco a poco.