
Durante su paso por Late Xperience, el cantante se sinceró sobre uno de los aspectos que más le estresan de su día a día: vivir pendiente de cómo se recibe todo lo que hace. «Tener la respuesta tan inmediata a lo que tú haces hace que vivas mucho más estresado», confesaba. Aunque uno intente convencerse de que le da igual, el run run permanece. La duda, la interpretación ajena, el miedo a no haberse expresado bien.
Una reflexión que conecta directamente con algo que el cantante ya había contado tiempo atrás en el podcast El acorde prohibido, cuando explicó uno de los episodios más duros de su carrera: la pérdida total de su voz a causa del estrés.
Ocurrió hace tres años, de forma repentina. Estaba de vacaciones, sin excesos, sin señales previas. De un día para otro dejó de poder cantar. No afinaba, no proyectaba, no reconocía su propia voz. Durante dos meses la frustración fue absoluta. Visitó especialistas, se sometió a pruebas médicas… todo estaba bien físicamente. El origen era psicológico.
La explicación llegó de la mano de expertos: el estrés actúa de forma específica sobre aquello que más expuesto está. En su caso, la voz. Un trastorno que también afecta a presentadores, actores o comunicadores, y que puede llegar a ser profundamente angustiosa.
Paradójicamente, la recuperación llegó cuando dejó de presionarse. En un estudio, relajado, grabó una canción cuya voz terminó siendo la definitiva. No quiso regrabarla. «Tenía la magia de ese momento», explicó.
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