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Andrés Suárez abre su corazón: de la guitarra de su abuelo a su devoción por Robe

Un recorrido sincero por sus referentes, la tiranía del algoritmo y su pasión por la música auténtica

Veronica Orcajo
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Andrés Suárez
En una reveladora y cercana conversación mantenida en el podcast Entre las cuerdas, el cantautor gallego Andrés Suárez hizo un detallado repaso por sus más de dos décadas de trayectoria profesional, analizó los profundos cambios que atraviesa el panorama musical y rindió un encendido homenaje a sus grandes referentes artísticos.

El músico inició el encuentro con el tono cercano y la ironía que le caracterizan, bromeando sobre su inevitable tentación por seguir acumulando equipo musical: «Menos mal que me sacáis de la tienda porque iba a gastarme lo que no tenía en instrumentos que ya tengo». Al echar la vista atrás para contemplar sus 25 años dedicados en cuerpo y alma a la música, el artista ferrolano no dudó en calificarse como un privilegiado por el respaldo incondicional de sus seguidores: «Pago mis facturas escribiendo versos y escribiendo libros y canciones. Soy la persona más afortunada del mundo». 

Andrés Suárez: de las calles de Santiago a las pequeñas salas de Madrid

A lo largo de la charla, Suárez desgranó los hitos de su itinerario personal y creativo, comenzando por sus primeros pasos desde Ferrol hacia Santiago de Compostela y, posteriormente, su desembarco en la capital. Su paso por emblemáticas salas de pequeño formato madrileñas, como el histórico rincón de Libertad 8, resultó crucial para forjar la identidad escénica de un músico acostumbrado al cuerpo a cuerpo con la audiencia. En cuanto a sus cimientos creativos, el cantautor sorprendió al unir dos mundos aparentemente contrapuestos como son la lírica tradicional y la crudeza del rock de los noventa, definiéndose sin ambigüedades como «una mezcla entre Disturbios 77 y Pablo Milanés».

Robe Iniesta: el guía espiritual de una generación

Uno de los momentos con mayor carga emotiva de la entrevista tuvo lugar al abordar el impacto del artista Robe Iniesta, en su trayectoria vital y en la de toda una generación. El autor de «Lúa» rememoró cómo las letras de Extremoduro sirvieron de refugio durante su juventud: «Robe le dijo a mis padres lo que yo no me atrevía. Robe es la rebeldía que no nos atrevíamos a tener con 14 años (…) Fue nuestro psicólogo, nuestro guía, nuestro referente«.

Al hilo de este tributo, Suárez no ocultó su indignación ante el trato mediático que reciben a menudo las grandes figuras de la cultura popular en vida, criticando lo que considera una ciega veneración póstuma: «Siento una repulsa y una vergüenza absoluta hacia la prensa musical tan caínita que le interesa más el mundo de los muertos que el de los vivos«, rematando tajante que «Robe fue un genio de principio a fin». 

Una energía crítica a la tiranía del algoritmo

Finalmente, el cantautor dedicó un bloque central de la conversación a denunciar las dinámicas destructivas que imponen la tiranía de los algoritmos y la inmediatez de las redes sociales en el negocio del espectáculo actual. Suárez alertó sobre la inmensa presión psicológica a la que se ven sometidos los jóvenes talentos, animados a priorizar los números de reproducciones y seguidores por encima de la maduración artística.

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Ante esta tendencia, el intérprete de Cuánto daría reivindicó la vigencia del concepto clásico del álbum, el placer del directo en distancias cortas y la urgencia de mantener la honestidad y la entrega absoluta en cada cita con el público.

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