
La clave de esta técnica es tan simple como sorprendente. Cuando el niño está en plena rabieta, el adulto comienza a decir en voz alta un nombre, normalmente ‘Jessica’, como si estuviera buscando a alguien. Este gesto inesperado provoca que el menor se desconcierte y deje de llorar al instante en muchos casos.
El motivo está en el funcionamiento del cerebro infantil. Según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, explica en Mi bebé y yo que, en edades tempranas, especialmente entre los dos y los cuatro años, los niños todavía no son capaces de gestionar varias emociones al mismo tiempo. Por eso, al introducir un estímulo inesperado, como escuchar un nombre desconocido, su atención cambia y se interrumpe el estado de frustración.
Aunque el método puede resultar útil en situaciones puntuales, como en un supermercado o en un momento de estrés, los expertos coinciden en que no es una solución a largo plazo. La técnica no elimina la emoción, sino que la interrumpe momentáneamente.
Según explican especialistas en neuropsicología, el niño no aprende a gestionar su enfado o frustración, simplemente se distrae. Esto implica que, si se utiliza de forma habitual, no contribuye al desarrollo emocional del menor.
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