
Wizz es una aplicación social dirigida, en teoría, a adolescentes. Funciona de forma muy similar a apps de citas para adultos: se muestran perfiles, se desliza para conectar y, si hay interés mutuo, se abre un chat privado. Este sistema es precisamente lo que ha llevado a que muchos la apoden ‘el Tinder para niños’.
El problema no es solo el formato, sino la falta de filtros eficaces. Aunque la app asegura tener sistemas de verificación de edad, diversos análisis han demostrado que es relativamente fácil falsear datos, lo que permitiría a adultos hacerse pasar por menores. Esto abre la puerta a contactos peligrosos y a situaciones difíciles de detectar a tiempo.
Según cuenta el periodista Rubén Márquez, Wizz presenta vulnerabilidades que pueden ser aprovechadas por depredadores sexuales. La posibilidad de enviar mensajes privados, compartir fotos y mantener conversaciones sin supervisión convierte la app en un espacio delicado para niños y adolescentes.
Además, se ha señalado que el sistema de moderación es limitado y que algunos contenidos inapropiados pueden tardar en ser retirados. En varios países, asociaciones de protección infantil ya han pedido el cierre o una regulación más estricta de la aplicación, tanto en Estados Unidos como en Europa.