Belén Esteban intenta sofocar la polémica con la hija de Jesulín de Ubrique, aunque desafía abiertamente a quienes sostienen que existe una versión distinta sobre lo ocurrido a lo largo de los últimos 27 años. Cuando la colaboradora o los Janeiro se pronuncian, el terremoto mediático está servido. Lo que prometía ser un verano tranquilo se ha transformado en el culebrón de la temporada, detonado por un simple término: nepo baby. A partir de ahí se desencadenaron indirectas en redes, reproches, acusaciones de vetos en televisión y el esperado regreso de Belén en el aeropuerto de Madrid.
Tras días callada, la «princesa del pueblo» pausó sus vacaciones en Tenerife para atender un compromiso profesional en la capital. Ante el enjambre de periodistas, optó por suavizar el ambiente. «Estoy muy tranquila», declaró a Europa Press, zanjando cualquier rumor de conflicto con la joven: «Yo no voy a tener una guerra con Julia».
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El conflicto estalló el 8 de agosto cuando Belén subió una foto de la infancia de su hija junto al texto: «Mi niña, lo que más quiero en mi vida, tú no eres una nepo baby, otras sí«. Los focos señalaron a Julia, quien trabaja actualmente como maquilladora.
La respuesta de Julia no se hizo esperar: «Si hablamos de nepo babies, ella sin ser hija de mi padre ha sido prácticamente lo mismo, porque se ha pasado la vida hablando de mi padre». Además, tildó a Belén de «la sombra de Jesulín de Ubrique» y «meme televisivo». Tiempo después, la joven tiró de ironía en redes promocionando su trabajo: «Agenda abierta pa’ que te maquille tu nepo baby oficial» y autonombrándose «vuestra nepo baby favorita». Ante las preguntas sobre si se arrepentía, fue tajante: «Me mantengo en lo que he dicho. Ni tengo que añadir, ni tengo que restar nada».
Beatriz Trapote se sumó al conflicto para defender a su sobrina, acusando a Esteban de haberle cerrado las puertas en televisión: «A mí me echó de televisión. A ella no le interesaba que nadie estuviera en contra».
La periodista animó a la joven a postularse como el relevo de la colaboradora: «De la princesa del pueblo a la reina del pueblo, mi Julia», añadiendo: «La nueva reina y a darlo todo, a contar las verdades que no se han podido contar».
Sin perder la calma, Belén restó importancia a las críticas: «¿Tú me ves enfadada? Estoy muy tranquila». Lejos de molestarle lo de «meme televisivo», afirmó: «A mí me encanta ser un meme televisivo», comentando sobre Julia, en el buen sentido, que le parece supergraciosa. Respecto a su dardo inicial, lanzó al aire: «¿Alguien se ha dado por aludida?».
Frente a Trapote, reconoció su labor profesional: «Creo que Beatriz Trapote empezó en la tele y ha vuelto a televisión porque es una gran periodista». Sin embargo, desestimó las acusaciones sobre su salida del medio: «¿Yo era Paolo Vasile o era directora de programas?». Sobre la disputa por el trono mediático, sentenció: «Por favor, parecemos niños. Yo no voy a entrar en eso».
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Sin embargo, donde sí puso el acento fue en esa supuesta cara B de la historia familiar: «Llevamos 27 años esperando. Yo quiero que cuenten la historia». Con tono guasón comparó la situación: «Esto es como Jumanji, que el juego aparece cada 120 años y hay que tirar los dados», instando a que si hay algo que destapar, se haga ya.
Esteban desmintió también la versión de Julia sobre una visita pasada a su domicilio: «Ella sí, pero su padre no. Ella no fue con el padre», intentando involucrar a su hija Andrea: «Ella es anónima» y negando diferencias económicas entre hermanas.
El punto de mayor firmeza llegó al abordar el supuesto impedimento del torero para ejercer de padre: «Cuando dicen que no se dejaba ver a la niña, que se hubiera ido a la Guardia Civil y se hubiera puesto una denuncia».
Aunque admitió que su marido Miguel le sugirió prudencia la «princesa del pueblo» terminó admitiendo que «ha hablado más de la cuenta». Tras rechazar exclusivas pagadas, la de Paracuellos zanjó antes de volar a Canarias: «Que hable todo el mundo», rematando con su reto directo a quienes aseguran que existe otra versión estos 27 años de historia: «Contadla, contadla».
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