
El cambio de hora moderno se popularizó en Europa durante el siglo XX con un objetivo muy concreto: ahorrar energía. La idea era aprovechar mejor las horas de luz natural, especialmente en los meses de verano, para reducir el consumo eléctrico. Con el tiempo, muchos estudios han cuestionado su eficacia real, pero la práctica se mantuvo por seguir con una coordinación internacional.
Sin embargo, el debate en España tiene un matiz adicional: nuestro huso horario no coincide con el que nos corresponde geográficamente. Por posición en el mapa, España debería estar en el mismo horario que Reino Unido y Portugal, pero desde 1940 vivimos en el mismo que Alemania. ¿Por qué?
La explicación se remonta a la Segunda Guerra Mundial. En plena contienda, varios países europeos alinearon sus relojes con el horario impuesto por la Alemania nazi para facilitar la coordinación política y económica. España, aunque no participó directamente en la guerra, decidió adelantar una hora por orden de Franco para sincronizarse con Berlín. Aquella medida, que en teoría iba a ser temporal, nunca se revirtió. Desde entonces, vivimos con un horario que no encaja del todo con nuestra posición solar.
Si España dejara de cambiar la hora, la gran pregunta sería: ¿con cuál nos quedaríamos? La mayoría de expertos coincide en que lo más lógico sería volver al huso natural, el de Portugal y Reino Unido. Esto permitiría que el mediodía solar se acercara más al mediodía del reloj y que los horarios laborales y escolares fueran más coherentes con la luz del día.