Llega el domingo por la tarde y otra vez tienes que poner la alarma para levantarte pronto al día siguiente y comenzar con la rutina. Pero, ¿qué recomiendan los expertos que es mejor para despertarse, una alarma suave, una más estridente o no ponerte ninguna?
Los especialistas en sueño coinciden en que la forma en la que nos despertamos influye directamente en cómo nos sentimos durante el resto del día. Una alarma muy estridente provoca un pico de cortisol inmediato, lo que puede generar estrés, taquicardia o sensación de sobresalto. Aunque cumple su función, es decir, te despertará sí o sí, no es la opción más amable para el organismo.
Por otro lado, las alarmas suaves o progresivas, como sonidos naturales o melodías que aumentan gradualmente de volumen, permiten que el cerebro pase de forma más natural del sueño a la vigilia. Este tipo de despertadores reduce la sensación de aturdimiento y facilita que el cuerpo se active sin un sobresalto brusco.
Muchos expertos aseguran que la mejor manera de despertarse es sin alarma, dejando que el cuerpo complete sus ciclos de sueño y despierte de forma natural. Esto solo es posible si se duerme lo suficiente y se mantiene un horario regular. Cuando el organismo está bien descansado, tiende a despertarse solo a la misma hora cada día.
Sin embargo, esta opción no es viable para todo el mundo. Las obligaciones laborales, los horarios cambiantes o el simple miedo a quedarse dormido hacen que la mayoría dependa del despertador. Por eso, la clave no está tanto en eliminar la alarma como en aprender a usarla de forma más saludable.

Aunque no siempre podamos prescindir del despertador, sí existen estrategias para que el cuerpo aprenda a activarse por sí mismo:
Por lo que despertarse bien es tan importante como dormir bien. Ajustar la forma en la que te levantas puede marcar la diferencia entre empezar el día con calma o con estrés. Tu cuerpo lo agradecerá.
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