
Según distintas informaciones publicadas en medios especializados en odontología, como, Ortodoncia POS, cada vez son más las personas adultas que recurren a estos dispositivos buscando una sensación de calma inmediata. La explicación es sencilla, el acto de succión genera una respuesta automática de relajación, similar a la que experimentan los bebés. El problema es que lo que puede tener sentido en la infancia no siempre resulta adecuado en la edad adulta.
Especialistas en odontología advierten de que el uso prolongado de chupetes en adultos puede provocar alteraciones en la mordida, desplazamientos dentales y problemas en la articulación temporomandibular. Además, mantener de forma repetida la presión sobre los dientes y encías puede derivar en molestias musculares o dolores de cabeza.
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Pero más allá de las consecuencias físicas, psicólogos consultados sobre esta tendencia subrayan otro aspecto importante: el estrés y la ansiedad no desaparecen por incorporar un objeto externo, sino que simplemente cambian de forma. Es decir, el chupete puede convertirse en una conducta sustitutiva que no resuelve el origen del malestar.
De hecho, algunos expertos comparan esta práctica con otros hábitos orales como morderse las uñas o mascar chicle de forma compulsiva. Son mecanismos que proporcionan una sensación momentánea de alivio, pero no trabajan la causa real del problema.
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