
Durante estos meses aumenta la presencia de polen de árboles, flores y gramíneas, así como de moho y ácaros del polvo, sustancias que actúan como alérgenos y pueden provocar reacciones en algunos animales.
El sistema inmunitario de los perros sensibles responde de forma exagerada a estas partículas presentes en el ambiente, lo que desencadena diferentes síntomas que pueden afectar tanto a la piel como al sistema respiratorio.
Uno de los síntomas más comunes es el picor intenso, que lleva al animal a rascarse, morderse o lamerse constantemente, especialmente en patas, orejas o abdomen. Este comportamiento puede provocar enrojecimiento, irritación o incluso pérdida de pelo en determinadas zonas.
También pueden aparecer ojos llorosos, estornudos o secreción nasal, signos que recuerdan mucho a los que sufren las personas con alergia al polen. En algunos casos, incluso pueden desarrollarse infecciones en los oídos o problemas digestivos como vómitos o diarrea.
Especialistas en salud y bienestar de las mascotas, como la Clínica Veterinaria Zarpa, recomiendan prestar atención si estos síntomas aparecen cada año en la misma época, ya que podría tratarse de una alergia estacional.
Aunque no siempre es posible evitar por completo el contacto con el polen, pues los perros necesitan salir a pasear y estar en contacto con el entorno, sí existen algunas medidas que pueden ayudar a reducir las molestias.
Entre las recomendaciones más habituales está limpiar las patas y el pelaje del animal después de cada paseo, ya que el polen puede quedarse adherido al pelo y la piel. También es importante mantener su cama y las zonas donde descansa limpias y libres de polvo.
Los baños con champús específicos para piel sensible pueden ayudar a aliviar el picor, mientras que los veterinarios pueden recomendar tratamientos concretos o incluso inmunoterapia en casos más severos.
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