
El artista habló desde su propia experiencia, dejando claro que no existen recetas mágicas ni soluciones rápidas. «Soy muy buen consejero, la verdad, pero solo puedo hablar desde lo que me ha pasado a mí», afirmó. Un proceso personal duro que, paradójicamente, terminó convirtiéndose en algo positivo. Toda esa fatiga y esas penas acabaron transformándose en lo que él mismo considera el mejor disco de su carrera, una obra nacida desde la honestidad y el dolor.
Para el cantante, uno de los mayores problemas es no ser consciente de lo que está ocurriendo. «Lo más bonito cuando te ocurre algo así es saber que te está ocurriendo», explicó, señalando que muchas veces la tristeza se intensifica porque no se le pone remedio antes. El ritmo de vida actual, marcado por el trabajo constante y la presión económica, no siempre permite detenerse a escuchar lo que uno siente.
Otro de los puntos clave de su reflexión fue la manera en la que acompañamos a alguien que está atravesando un momento de tristeza. Orozco fue claro al señalar qué consejo nunca debe darse en estas situaciones. «No le digas ‘anímate’ a una persona que está jodida», afirmó, comparándolo con pedirle a alguien con un hueso roto que se lo una por sí mismo.
Para él, la tristeza es un proceso complejo que no se soluciona con frases hechas ni buenas intenciones mal enfocadas. La verdadera solución pasa por algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más difícil: escuchar. Sentarse, parar, mirar a la otra persona y estar presente sin juzgar ni opinar. «Ese es el mejor regalo que le puedes hacer a alguien que está pasando un mal momento», aseguró.