
Esta convivencia también puede dar lugar a desacuerdos sobre la educación de los menores. Así lo explica la psicóloga Sol Carmona en un artículo para El país, y recuerda que los abuelos son un apoyo imprescindible para muchas familias, especialmente durante el verano: «Para muchas madres y padres, los abuelos son un apoyo imprescindible para conciliar y en verano es una ayuda sin la cual eso podría ser muy complicado».
No obstante, Carmona advierte de que pasar muchas horas con los nietos puede hacer que salgan a relucir diferencias en la forma de educar. El problema, según comenta, surge cuando esas discrepancias generan mensajes contradictorios: «Cuando los niños pasan mucho tiempo con ellos es normal que puedan surgir diferencias en la forma de educar. El problema aparece cuando esas diferencias son tan grandes que generan mensajes contradictorios entre lo que nosotros les decimos y lo que están recibiendo de sus abuelos«.
Para evitar situaciones de tensión, la psicóloga recomienda que ambas partes mantengan una conversación previa en la que establezcan unas normas básicas comunes: «Mi recomendación siempre es la misma: hablar con los abuelos antes de que aparezcan los conflictos y acordar con ellos cuáles son aquellas normas o límites que para nosotros son especialmente importantes».
Entre los aspectos que considera prioritarios destaca el uso de las pantallas, un tema que suele generar diferencias entre generaciones. Por ello, aconseja compartir con los abuelos las razones detrás de determinadas decisiones educativas para que se sientan parte del proceso: «Tenemos que hablarlo previamente con nuestros padres, explicándoselo, haciéndoles partícipes y sumándoles a este barco».