
Para millones de seguidores, la separación de Mecano marcó el fin de una era dorada en el pop hispano. Para Ana, significó empezar completamente desde cero de la noche a la mañana. «Realmente fue difícil porque yo no lo dejé, fue José quien decidió dejar el grupo y en ese momento yo me sentí en un vacío tremendo porque yo había invertido toda mi vida, mi energía, mi tiempo y mi pasión en Mecano y no sabía si iba a ser capaz de hacer una carrera en solitario, o sea, dudé de si seguir o no seguir», confesó la cantante al recordar aquel punto de inflexión.
Ese temor inicial no era infundado; la sombra del trío maduraba con una fuerza descomunal y enfrentarse al público como solista implicaba competir contra un legado imborrable. La propia intérprete detalla cómo tuvo que reinventarse: «Para mí fue como empezar de cero porque yo nunca había tenido que preocuparse de escribir canciones, qué quería contar, cómo, con quién, qué color musical quería darle a mi carrera y tuve que buscar esa identidad musical que yo no tenía». De ese proceso de búsqueda y superación nació también una profunda madurez artística, consolidando temas imprescindibles de su repertorio personal como A contratiempo o Ya no te quiero.
Una de las grandes virtudes de la carrera de Ana Torroja es la atemporalidad de sus canciones. Lejos de quedar ancladas en los años ochenta o noventa, sus composiciones continúan heredándose de padres a hijos. En sus conciertos actuales, es habitual ver un público profundamente transversal: «Los conciertos míos son muy familiares, y puedes ver pues a niños, niñas de entre 8 te diría y 12 años apasionados, su primer concierto […] es tan difícil que tantas canciones sigan tan vivas hoy en día después de 40 años, no puedo estar más que estar agradecida», relata con emoción.
Ese puente entre el pasado y el presente también se refleja en cómo el público vive sus directos, donde los temas nuevos y los clásicos de siempre conviven en perfecta armonía, logrando que la gente experimente lo que ella misma define con una hermosa metáfora: «resaca de felicidad».
Lejos de conformarse con el estatus de leyenda viviente, Ana Torroja continúa explorando sus propios límites creativos. Su más reciente álbum, lanzado bajo el título Se ha acabado el show, surge precisamente de una etapa de reflexión íntima y de cuestionamientos sobre el desgaste de la industria.
El nombre del disco, aunque parece una afirmación categórica, encierra en realidad una pregunta interna. «Esa falta de motivación y de interés que tenía al principio y de ilusión, me hizo pensar que quizás se habría acabado el show», admite sobre el origen del proyecto. No obstante, al canalizar esas dudas a través de la composición —escribiendo por primera vez la totalidad de las historias del disco—, encontró un renacer artístico que le devolvió la paz y la libertad creativa.
La gira actual de lo nuevo de la artista le mantiene recorriendo distintos escenarios internacionales, y el público mexicano tendrá la oportunidad de disfrutar de este despliegue de talento y nostalgia el próximo 17 de septiembre en el Teatro Metropolitán de la Ciudad de México, con fechas adicionales contempladas en ciudades como Guadalajara y Monterrey.
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