
Según la página web profesional de psicología, Randstad, esta táctica «se basa en repetir de manera tranquila, firme y consistente el mensaje que queremos transmitir, a pesar de que la otra persona trate de desviarnos o presionarnos». Igual que un disco que se queda atascado y suena una y otra vez, nosotros mantenemos nuestra postura sin entrar en debates innecesarios.
La clave de esta técnica está en no justificarse en exceso. Cuando damos demasiadas explicaciones, abrimos la puerta a que el interlocutor intente rebatirlas. En cambio, al repetir una frase corta y clara, por ejemplo, «no puedo hacerlo», «no me viene bien» o «prefiero no participar», el mensaje se refuerza y se mantiene intacto.
Además, transmite seguridad y coherencia. Aunque al principio pueda resultar incómodo, muchas veces la otra persona acaba entendiendo el mensaje y desistiendo, simplemente porque se cansa.
Aplicar la técnica del disco rayado significa respetarse a uno mismo. Se puede acompañar de un tono amable y lenguaje corporal relajado, pero manteniendo el límite. Practicarla ayuda a reducir la ansiedad, mejora la autoestima y fortalece las relaciones, ya que se basan en una comunicación más honesta.
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