
La escena se repite cada verano. Toalla, sombrilla, un baño de vez en cuando y muchas horas frente al mar. Un plan que parece propio para desconectar y recuperar energía, pero que puede terminar justo al contrario. Cuando llega la tarde, el cuerpo pide sofá, ducha y, en muchos casos, dormir.
Entonces surge la pregunta: ¿cómo es posible estar cansados después de pasar tantas horas descansando? La respuesta está en que permanecer tumbados no significa que nuestro organismo esté completamente en reposo. El calor, el sol, la pérdida de líquidos e incluso caminar por la arena hacen que el cuerpo tenga que trabajar más de lo que parece.
Uno de los principales responsables es el calor. Cuando pasamos varias horas en la playa, especialmente durante las horas centrales del día, nuestro organismo tiene que esforzarse para mantener una temperatura adecuada.
Para conseguirlo, aumenta el flujo de sangre hacia la piel y activa la sudoración. Son mecanismos naturales que ayudan a liberar calor, pero también suponen un esfuerzo para el organismo.
Craig Crandall, profesor de Medicina Interna en la Universidad de Texas Southwestern, explica que mantener estable la temperatura corporal requiere un esfuerzo constante. Cuando hace calor, el organismo aumenta el flujo de sangre hacia la piel y activa la sudoración para intentar enfriarse.
El calor no es el único factor. Un día de playa suele incluir pequeños esfuerzos que, aunque no percibamos como ejercicio, también pueden contribuir al cansancio.
Caminar por la arena, por ejemplo, requiere más esfuerzo que hacerlo sobre una superficie firme. El pie se hunde y los músculos tienen que trabajar más para mantener la estabilidad y avanzar. De hecho, caminar sobre arena puede llegar a requerir cerca del doble de energía que hacerlo sobre una superficie compacta.
A eso se suman los paseos por la orilla, los baños, los juegos en el agua o el simple hecho de transportar todo lo necesario para pasar el día. La sombrilla, las sillas, la nevera, las bolsas… El descanso empieza incluso antes de colocar la toalla, pero no siempre para nuestro cuerpo.
La exposición solar es otro elemento que puede contribuir a esa sensación de agotamiento. El organismo tiene que responder al calor y mantener sus mecanismos de regulación activos durante todo el tiempo que permanecemos expuestos.
Si además se produce una quemadura solar, el cuerpo pone en marcha procesos para reparar el daño provocado en la piel. Por eso, protegerse del sol no solo es importante para evitar problemas en la piel, sino también para reducir el desgaste que puede provocar una exposición excesiva.