
Según explican desde la Agrupación Española de Diástasis Abdominal (AEDA), la diástasis consiste en una separación de los músculos rectos del abdomen como consecuencia de la distensión de la línea alba, el tejido que los une en el centro del vientre. Se trata de algo especialmente relacionado con el embarazo: a partir de la semana 35 de gestación prácticamente todas las mujeres presentan algún grado de separación.
Durante el embarazo, el crecimiento del útero aumenta la presión sobre la pared abdominal y hace que los músculos tengan que adaptarse para dejar espacio al bebé. Además, los cambios hormonales hacen que los tejidos sean más elásticos, facilitando la expansión de la línea alba.
Sin embargo, el embarazo no es la única causa. El sobrepeso, el estreñimiento crónico, la tos persistente o determinados ejercicios realizados de manera incorrecta también pueden favorecer su aparición al aumentar la presión dentro del abdomen.
La diástasis suele hacerse especialmente visible después del parto, cuando disminuye de forma rápida el volumen del abdomen. En algunos casos puede mantenerse durante más tiempo y requerir una valoración por parte de un profesional especializado.
Una de las señales más reconocibles es que aparezca una curvatura en la parte central del abdomen al incorporarse de la cama o del sofá, toser o realizar determinados esfuerzos. También puede existir sensación de debilidad o falta de sujeción en esta zona.
La alteración también puede estar relacionada con dolor lumbar o pélvico y con determinadas molestias del suelo pélvico, como pérdidas de orina o sensación de presión. En los casos más graves puede aparecer incluso una hernia, una situación que requiere valoración médica.
Por eso, tener el abdomen plano no significa necesariamente que la diástasis haya desaparecido. Del mismo modo, que la barriga no haya recuperado su aspecto anterior al embarazo no implica que exista un problema de funcionamiento. Lo importante es valorar cómo responde la musculatura y el tejido ante los movimientos y esfuerzos.
La recuperación depende de cada caso y no todas las mujeres necesitan el mismo tratamiento. En las diástasis leves o moderadas, la fisioterapia especializada puede ayudar a mejorar la estabilidad, la postura y la fuerza abdominal. El trabajo no consiste simplemente en intentar juntar los músculos, sino también en aprender a activar correctamente la musculatura abdominal y el suelo pélvico y controlar la presión dentro del abdomen.
Desde Quirónsalud recomiendan realizar una valoración después del parto de la musculatura abdominal y del suelo pélvico, preferiblemente con un fisioterapeuta especializado. También aconsejan prestar atención a ejercicios o movimientos que aumenten demasiado la presión abdominal.
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