
Leonor ha comenzado este mes de septiembre el grado en Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid, arrancando así su formación académica civil tras haber culminado la instrucción en los tres ejércitos. Al dirigirse a un alumnado que supera los dos millones de estudiantes en todo el país, Don Felipe quiso empatizar con el resto de familias: “Como sabéis, mi hija, la princesa Leonor, ha empezado este año su vida universitaria civil y sus padres lo estamos viviendo con esa mezcla de ilusión, orgullo e incertidumbre que acompaña a todo comienzo importante”.
Más allá del guiño personal, el jefe del Estado aprovechó la ceremonia para reflexionar sobre los grandes retos a los que se enfrenta la educación superior, señalando la sobreabundancia de datos y la irrupción de la inteligencia artificial. En este sentido, alertó sobre los peligros de la manipulación digital: “Vivimos rodeados de información, pero también de un volumen ingente de desinformación”.
Citando los planteamientos de la filósofa Martha Nussbaum, advirtió del riesgo de aislarse intelectualmente: “Corremos el riesgo de encerrarnos, de manera inconsciente, en una de esas ‘cámaras de eco’ que nos reafirman solo en lo que ya pensamos, en lo que ya creemos, haciéndonos inmunes a la diferencia”.
Para el monarca, el propósito esencial de la enseñanza universitaria radica en el pensamiento crítico y el intercambio plural: “Ese es, en el fondo, el sentido de la universidad: recibir el saber, comprenderlo, contrastarlo y hacerlo avanzar; encontraros con quienes piensan de otro modo y ponerlo al servicio de vuestro propio crecimiento y del de la sociedad a la que pertenecéis, como profesionales y como ciudadanos”.
Acompañando la ponencia del catedrático Antonio Sánchez Kaiser sobre las tecnologías emergentes, el rey remarcó la importancia de la supervisión ética sobre los avances tecnológicos: “La cuestión, por tanto, no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino para qué queremos utilizarla. Conocer sus posibilidades, comprender sus límites y orientar su uso resulta esencial para que no se convierta en un catalizador de desigualdades”.
Finalmente, rindiendo homenaje al legado científico local encarnado por Isaac Peral y al lema histórico de la institución cartagenera, Felipe VI reivindicó la necesidad de incrementar tanto el respaldo financiero como la sinergia con el sector privado, subrayando que la ciencia requiere constancia y tenacidad para generar cambios significativos en la sociedad.