
La psicóloga sanitaria y experta en infancia Mercedes Bermejo explica que el temor que los menores pueden desarrollar al agua es de lo más habitual durante la niñez. De hecho, podría formar parte de su desarrollo: «Suele aparecer con mayor intensidad entre los 2 y los 6 años, ya que empiezan a ser conscientes de los peligros del entorno, pero todavía no tienen los recursos para gestionarlo ni para interpretar cuándo se les habla de los riesgos que puede tener el agua».
Sin embargo, la especialista advierte de que no debemos pasar por alto ciertas señales que, a la larga, podrían convertirse en un problema.
Por otro lado, afirma que es fundamental transmitir confianza y tranquilidad: «Cuando el niño siente que hay control, que no existe incertidumbre y que el mundo es un lugar seguro, su ansiedad disminuye y aumenta la probabilidad de superar ese miedo«.
En este escenario, una actividad que puede aportar grandes beneficios a los menores es apuntarlos a clases de natación, ya que pueden reforzar su seguridad: :»Si el miedo es muy intenso, el niño puede presentar mucha ansiedad y un fuerte rechazo a todo lo que tenga que ver con el contacto con el agua. En ese caso, es muy conveniente trabajar primero ese miedo antes de plantear un aprendizaje de este tipo«.
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