
Según explica el experto, el movimiento que realiza María José corresponde a una flexión de cadera tumbada con apoyo en rodillo o foam roller. «A simple vista puede parecer un movimiento sencillo, pero tiene mucho sentido», adelanta Ruiz, quien subraya que no se trata de un ejercicio superficial ni orientado únicamente a la estética.
El especialista detalla que la ejecución correcta parte de una posición muy concreta: tumbada boca arriba, con el foam roller colocado bajo la pelvis o la zona lumbar baja. «Desde ahí, se realiza una flexión controlada de cadera, llevando las rodillas hacia el pecho sin impulsos ni balanceos», indica. Esta precisión es clave, ya que marca la diferencia entre un trabajo efectivo y uno que pierde su objetivo.
Lejos de ser un ejercicio para «machacar el abdomen» o quemar calorías de forma intensa, Ruiz recalca que su principal beneficio reside en el control corporal. «Su valor está en mejorar el control de la pelvis, la movilidad de la cadera y la activación del core profundo», sostiene. Esa musculatura profunda, añade, es fundamental para la salud física a largo plazo.
El uso del foam roller no es casual. Según Ruiz, este elemento introduce un componente extra de conciencia corporal: «El rodillo cambia ligeramente la posición de la pelvis y hace que la persona tenga que controlar mejor la zona abdominal para no dejar caer la espalda ni tirar de las piernas de cualquier manera». Esto, en consecuencia, refuerza la conexión entre abdomen, pelvis y cadera, un aspecto clave en la estabilidad del cuerpo.
En cuanto a la práctica, el experto recomienda una ejecución sencilla, pero precisa: mantener el abdomen activo mientras se llevan las rodillas hacia el pecho de forma lenta y controlada, para después regresar a la posición inicial sin perder la alineación. La clave, insiste, es la calidad del movimiento. «Lo ideal sería trabajar entre ocho y doce repeticiones, sin prisa, priorizando la calidad por encima de la cantidad», señala.
Respecto a los errores más habituales, Ruiz advierte de un fallo frecuente: convertir el ejercicio en un balanceo. «“Usar el impulso de las piernas y perder el control de la zona lumbar hace que el ejercicio pierda todo su sentido», explica. También desmonta otro mito común: pensar que cuanto más se acerquen las rodillas al pecho, mejor será el resultado. «Lo importante es mantener una buena posición, respirar bien y sentir que el movimiento nace desde la cadera, no desde un tirón brusco de la espalda», concluye.
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