
Según explica la especialista, una de las principales causas de este fenómeno es la pérdida de la ambición, los objetivos y los sueños que impulsan a las personas a avanzar. Cuando desaparecen las metas que dan sentido al día a día, es común que aparezcan sentimientos de vacío, apatía y falta de propósito.
«Muchas veces lo que nos sucede es que hemos vaciado nuestra vida de cosas que nos llenen el corazón, la mente y el alma», señala la experta y advierte que, ante esta carencia emocional, muchas personas buscan refugio en actividades que proporcionan una satisfacción inmediata, pero que a largo plazo no contribuyen al bienestar personal.
Entre estos hábitos se encuentran el abuso de los videojuegos, el consumo excesivo de alcohol y otras conductas que pueden convertirse en una vía de escape frente al malestar emocional. Aunque estas actividades pueden generar una sensación temporal de placer o distracción, no ayudan a resolver el problema de fondo.
Para combatir este síndrome, la psiquiatra recomienda recuperar proyectos personales, cultivar relaciones significativas y dedicar tiempo a actividades que aporten crecimiento y satisfacción real. Además, destaca la importancia de buscar apoyo cuando sea necesario: «No temas pedir ayuda, un terapeuta, amigo o familiar puede ser clave para ordenar tu vida y empezar a integrar actividades que te hagan sentir más pleno«.
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