Joaquín Sabina

La reflexión de Joaquín Sabina que pudo cambiar su trayectoria: “Me arrepiento de haber hecho el idiota por los bares”

El cantautor reconoce que quizá perdió demasiadas noches entre copas y conversaciones en vez de estar componiendo

Alba García-Fogeda

Hay una pregunta que solo puede aparecer cuando se mira una trayectoria tan larga. ¿Qué habría pasado si Joaquín Sabina hubiera dedicado a escribir todas aquellas horas que pasó en los bares?

El de Úbeda reconoció en una entrevista para la Agencia EFE lo siguiente: «Me arrepiento de haber hecho el idiota tanto tiempo por los bares cuando podía haber estado escribiendo». Una reflexión que llega después de una carrera marcada precisamente por las historias, los personajes y las noches que convirtió en canciones.

No ha dicho cuántas canciones o discos podrían haber salido de haber elegido siempre el papel y el bolígrafo frente a la barra de un bar. Pero su frase deja abierta una curiosa hipótesis sobre una trayectoria que ya cuenta con una extensa lista de letras.

Las noches de Joaquín Sabina que también acabaron convertidas en canciones

Porque hay una paradoja en la reflexión de Sabina. El bar aparece en muchas de las historias que ha contado a través de sus canciones. Y algunas de esas historias no se quedaron únicamente en su imaginación.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de Y nos dieron las diez. La canción comparte sus primeros versos con Ojos de gata, de Los Secretos. La historia se remonta a finales de los años 80 y principios de los 90, cuando Sabina y Enrique Urquijo compartían noches en Malasaña.

Sabina había escrito unos versos en una servilleta después de un concierto en Lanzarote. Urquijo terminó utilizándolos como punto de partida para Ojos de gata, mientras el cantante de Úbeda compuso su propia canción. Ambas terminaron siendo éxitos con caminos diferentes.

La anécdota nos lleva a la confesión actual del artista. Aquellas noches podían ser tiempo aparentemente perdido, pero también podían convertirse en material para escribir.

De hecho, Sabina lo explica de una manera todavía más clara cuando habla de su relación con estos lugares. «Yo amaba los bares y la noche», reconoce. Para él, un bar a las tres de la mañana podía ser precisamente el lugar perfecto para escribir.