Ig Nobel

Los Ig Nobel premian los estudios más curiosos: desde cucarachas lecheras o calzoncillos enterrados

Este año se ha mudado hasta Suiza por las políticas de Trump

Jesús Ruiz

Este pasado jueves 3 de septiembre se ha celebrado la gala de los Ig Nobel, la ceremonia que desde 1991 premia investigaciones capaces de «hacer reír primero y pensar después». Un evento que no deja indiferente a nadie en cada celebración y mucho menos en esta, que ha entregado premios a investigaciones que han sorprendido a los asistentes y a todos los fieles seguidores que, año tras año, siguen la gala a través de sus casas.

La gran sorpresa de esta 36.ª edición no está en los premios, sino en el lugar: por primera vez en su historia, la ceremonia ha abandonado Estados Unidos. Marc Abrahams, fundador del certamen y maestro de ceremonias desde su primera edición, explicó para ‘El País’ que tomaba esta decisión porque Estados Unidos se ha vuelto «inseguro» para muchos invitados internacionales.

En este contexto, ha anunciado que la intención es que la cita vuelva a Zúrich cada dos años, alternando con otras ciudades europeas, «en una especie de Eurovisión». La decisión pone de manifiesto una crisis real en la ciencia estadounidense.

Desde que Donald Trump inició su segundo mandato, su Administración ha recortado presupuestos, cancelado proyectos y acosado a centros de investigación centenarios como la Universidad de Harvard o el MIT, que habían acogido estos premios en otras ocasiones.

Los premiados de la 36.ª edición de los Ig Nobel

Pero hablemos de los galardonados, ya que la noche ha dejado a grandes premiados como, por ejemplo, un equipo de investigadores suizos que enterraron el pasado año más de mil calzoncillos de algodón en campos y jardines para medir, dos meses después, cuánto se había descompuesto la tela: la conclusión que trajo es que, cuanto más se deshace la tela, más sano es el suelo.

O el caso de este otro grupo, en Singapur, que descubrió que una cucaracha fabrica un cristal de proteína para alimentar a sus crías que tiene más energía por gramo que la leche de cualquier otro animal, incluida la vaca.

Pero no se ha premiado la nutritiva de las cucarachas; se han galardonado otros ocho estudios en áreas como la economía, la tecnología y la química y, a título póstumo, un estudio japonés de 1977 que analiza cuál es la manera más recomendable de sonarse la nariz. Los honores han sido entregados esta tarde por premios Nobel de verdad: Esther Duflo, Abhijit Banerjee, Michel Mayor y Tim Hunt.

En economía, el galardón ha sido para un estudio que muestra los comportamientos «poco éticos» de las clases altas. Un equipo estadounidense realizó siete experimentos, donde analizaron a conductores en pasos de peatones y semáforos, y realizaron juegos de laboratorio con incentivos para hacer trampas o mentir en negociaciones.

Probablemente, la conclusión sea evidente para muchos: cuanto más alta es la clase social, mayor es la probabilidad de saltarse las normas. Los autores lo achacan a que esos sectores privilegiados son más codiciosos y que, además, tienen menos posibilidades de ser sancionados.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Elodie Chabrol (@eloscicomm)

También hubo premio para una encuesta polaca que explica por qué el olor de un bebé resulta irresistible para sus padres, pero para cuando ese bebé se transforma en adolescente, en cambio, deja de serlo.

El Ig Nobel de la Paz reconoce un estudio de investigadores australianos, argentinos y estadounidenses sobre la amistad. El trabajo concluye que nos gustan los «amigos viciosos», es decir, que preferimos aliados capaces de ser crueles con nuestros enemigos, aunque sean amables con nosotros mismos.

Los reconocimientos obtenidos

El trofeo de este año tiene forma de una seta gigante, con el pie del hongo moldeado como un pie humano del que brotan diminutas setas entre los dedos, todo ello montado sobre una cuña que simula un trozo de queso azul.

A modo de propina, cada equipo premiado recibirá un billete de diez billones de dólares de Zimbabue, siendo un guiño directo a otro Ig Nobel histórico, el de Matemáticas de 2009, que reconoció al entonces gobernador del banco central zimbabuense, Gideon Gono, por imprimir billetes con denominaciones que iban desde un centavo hasta cien billones de dólares.

MÁS SOBRE: