En las relaciones no todo es blanco o negro. Después de popularizar las famosas red flags o green flags, las redes sociales han puesto el foco en otro concepto menos extremo: las yellow flags o banderas amarillas. Son esas pequeñas señales que no tienen por qué ser un motivo para terminar una relación, pero sí invitan a parar, observar y hablar.
Los psicólogos explican que una bandera amarilla no supone una alerta de peligro, sino una situación a la que conviene prestar atención y abordar desde la conversación. En la misma línea, expertas consultadas por El País señalan que estas señales pueden cambiar con el tiempo. Una conducta puede mejorar cuando existe conciencia y voluntad de trabajar en ella, pero también puede convertirse en una bandera roja si se repite y no hay ningún cambio.
Le cuesta hablar de lo que siente. Puede que una persona tenga dificultades para expresar sus emociones o prefiera guardar silencio cuando hay un problema. Esto no significa necesariamente que no tenga interés. La cuestión está en saber si está dispuesta a aprender a comunicarse mejor cuando se habla del tema.
Vais a ritmos diferentes. Uno quiere poner una etiqueta a la relación, hacer planes o avanzar más rápido y el otro necesita tiempo. Tener ritmos distintos no es necesariamente negativo. Lo importante es comprobar si ambos pueden encontrar un punto intermedio con el que se sientan cómodos.
La comunicación cambia demasiado. Hay personas que un día se muestran muy cercanas y al siguiente parecen completamente distantes. Puede haber muchas razones detrás, desde su forma de comunicarse hasta su situación personal. Si se convierte en un patrón y genera inseguridad, merece una conversación.
Evita cualquier conflicto. No querer discutir puede parecer positivo, pero esconder los problemas tampoco ayuda a resolverlos. Una relación necesita espacios para hablar de aquello que incomoda, incluso cuando la conversación no resulta sencilla.
Dice una cosa y hace otra. Prometer que se quiere construir una relación mientras las acciones muestran desinterés es otra señal para prestar atención. La coherencia entre las palabras y los hechos ayuda a saber realmente dónde está cada persona.
No respeta pequeños límites. Puede parecer un detalle menor, pero la manera en la que alguien responde cuando le dices que algo te incomoda dice mucho. Una relación sana necesita espacio para expresar límites y llegar a acuerdos.
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Los celos aparecen como una supuesta prueba de amor. Sentir celos puede ocurrir dentro de una relación, pero justificarlos constantemente como una muestra de cariño merece atención. Si además aparecen conductas de control, manipulación o vigilancia, la situación puede pasar de amarilla a roja.
La relación parece poco equilibrada. Si siempre eres tú quien propone planes, inicia las conversaciones, pide perdón o intenta solucionar los problemas, puede existir una falta de reciprocidad. No significa que todo tenga que repartirse