Con la llegada del verano, las playas y las piscinas vuelven a llenarse de personas que buscan conseguir un tono de piel más oscuro. Para muchos, broncearse forma parte de estas vacaciones, pero cuando esa necesidad se convierte en una obsesión constante puede esconder un problema conocido como tanorexia.
Este trastorno, según los especialistas de Sanitas, describe la necesidad compulsiva de seguir tomando el sol o utilizando cabinas de rayos UVA incluso cuando la piel ya está muy bronceada o presenta signos de daño. Quienes lo padecen suelen sentir que nunca están lo suficientemente morenos, aunque las personas de su entorno perciban justo lo contrario.
Los expertos explican que esta conducta comparte características con otros trastornos relacionados con la percepción de la propia imagen. La persona desarrolla una visión distorsionada de su aspecto físico y busca constantemente intensificar el bronceado porque considera que así se ve mejor o más atractiva.
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Aunque el deseo de lucir un buen bronceado es habitual durante los meses de calor, la tanorexia aparece cuando esa búsqueda empieza a afectar a la vida diaria y a la salud. Algunas personas prolongan durante horas su exposición al sol, ignoran las recomendaciones de protección o siguen tomando el sol incluso después de sufrir quemaduras.
Los especialistas señalan que esta conducta puede estar relacionada con distintos factores. Por un lado, la presión social y la asociación entre piel bronceada y belleza. A ello se suma el efecto que produce el sol sobre el organismo, ya que la exposición a los rayos ultravioleta favorece la liberación de endorfinas, unas sustancias que generan sensación de bienestar y pueden hacer que algunas personas quieran repetir esa experiencia una y otra vez.
Además, las redes sociales también contribuyen a reforzar determinados ideales estéticos. Durante el verano aumentan las imágenes de vacaciones, playa y cuerpos bronceados, lo que puede generar la sensación de que mantener ese aspecto es una meta que hay que alcanzar.

Los dermatólogos recuerdan que no existe un bronceado completamente seguro. El color oscuro de la piel es, en realidad, un mecanismo de defensa del organismo frente a la radiación ultravioleta.
Cuando la exposición al sol es excesiva, aumentan las posibilidades de sufrir quemaduras, envejecimiento prematuro de la piel, aparición de manchas y lesiones cutáneas. A largo plazo, también crece el riesgo de desarrollar diferentes tipos de cáncer de piel, incluido el melanoma, considerado el más agresivo.
Las cabinas de rayos UVA tampoco están libres de riesgos. De hecho, distintos organismos sanitarios llevan años advirtiendo de que su uso frecuente incrementa la exposición a radiación ultravioleta y puede favorecer la aparición de enfermedades cutáneas.
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