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Oruga procesionaria: cómo proteger a tu perro y qué hacer si entra en contacto con ellas

Si a tu mascota le pica una, acude al veterinario inmediatamente

Paula Calamonte
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Oruga procesionaria
La oruga procesionaria del pino se ha convertido en uno de los mayores peligros para los perros durante los paseos de finales de invierno y primavera. Su presencia aumenta cada año debido al ascenso de las temperaturas, lo que adelanta su ciclo biológico y multiplica las posibilidades de encontrarlas en parques, pinares y zonas rurales.

Aunque a simple vista puedan parecer inofensivas, sus pelos urticantes contienen una toxina capaz de provocar reacciones muy graves en los animales, especialmente en los perros, que suelen acercarse por curiosidad.

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El riesgo principal de la procesionaria reside en esos diminutos pelos que recubren su cuerpo. Cuando el perro las olfatea o pisa una zona donde han pasado, los pelos se desprenden y liberan sustancias que pueden causar inflamación severa.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas suelen aparecer de forma rápida: babeo excesivo, hinchazón del hocico, nerviosismo, vómitos o cambios de color en la lengua. Ante cualquiera de estas señales, es fundamental actuar inmediatamente.

¿Qué puedo hacer para extremar la precaución?

La prevención es la mejor herramienta para proteger a tu perro. Durante los meses de mayor riesgo, conviene evitar pasear por zonas con pinos, especialmente si se observan bolsones blancos en las ramas o hileras de orugas en el suelo.

Mantener al perro atado en áreas potencialmente afectadas ayuda a controlar su curiosidad natural. También es recomendable vigilar el suelo durante el paseo y cambiar de ruta si se detecta alguna procesionaria. Al regresar a casa, revisar el hocico, las patas y la boca del animal puede ayudar a detectar cualquier contacto accidental.

¿Qué hago si a mi perro le pica una oruga procesionaria?

Si, a pesar de las precauciones, tu perro entra en contacto con una procesionaria, es imprescindible acudir al veterinario de inmediato.

No se debe frotar la zona afectada, ya que esto podría romper más pelos urticantes y agravar la reacción. Tampoco es aconsejable manipular la boca del perro sin protección, ya que la toxina también puede afectar a las personas.

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En algunos casos, el veterinario puede recomendar enjuagar suavemente la zona con agua templada, pero siempre bajo indicación profesional.

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