
El experto en neuropsicología infantil lo explica a través de una metáfora tan sencilla como poderosa. Este compara el nombre del bebé con una semilla: «Mientras germina no se expone a todas las miradas: se protege en el interior de la tierra«.
Según este, el tiempo de silencio es fundamental para evitar presiones externas y opiniones no solicitadas. «Habrá personas que necesiten saber antes de tiempo porque no saben habitar el misterio. Otros sembrarán dudas o intentarán influir en vosotros«, advierte.
El argumento central es claro: compartir demasiado pronto puede abrir la puerta a inseguridades ajenas. Comentarios sobre si el nombre es adecuado, demasiado moderno o muy común pueden generar dudas en los padres, incluso cuando la elección inicial era firme. «Cuando compartes demasiado pronto invitas a opiniones que no necesitas, a dudas que no pediste y a miedos que no son tuyos«, señala Bilbao.
Para este, el proceso de elegir un nombre debe ser íntimo, libre de ruido y validaciones externas. «Dentro de ti se están formando las raíces que le darán fuerza para salir al exterior. Dejad que el amor haga su trabajo sin ruido, construir en silencio«, concluye. Su mensaje final resume la filosofía detrás de esta recomendación: «Lo que es verdadero no se anuncia, se revela«.
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