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¿Por qué nos miramos a nosotros mismos en las videollamadas? Los efectos negativos que trae esta práctica

La explicación que esconde esta nueva obsesión

Jesús Ruiz
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Videollamada
Durante la pandemia, aumentó considerablemente el uso de las videollamadas y el uso de plataformas, ya sea por cuestiones laborales, educativas o por motivos simplemente ociosos. El surgimiento de estas dinámicas supuso el aumento de una nueva actividad: mirarse a uno mismo.   

El aumento de las personas que se miran a sí mismas y fuerzan algunos gestos durante las reuniones ha llamado la atención a muchos expertos que no han dudado en analizar esta dinámica.   

La obsesión que han creado las videollamadas

En este sentido, el ciberpsicólogo Andrew Franklin lo definió como una sensación de la adolescencia que también puede pasarle a los adultos: la audiencia imaginaria.  Franklin aseguró que “muchos adolescentes lidian con algo llamado audiencia imaginaria, es decir, que en sus mentes creen que las personas a su alrededor realmente están prestando atención a cada movimiento que hacen”.  

El especialista explicó que, durante las videollamadas, “las personas se vuelven extremadamente conscientes de sí mismas y piensan que los ojos están puestos en ellas. Cuando en realidad, no están siendo examinadas o criticadas en la medida en que piensan que lo están».  
Getty

La tensión va en aumento con el número de las personas que están presentes, así como también la obsesión de querer observar los detalles gestuales. Esto nos lleva a ser más críticos con nuestra expresión corporal. Toda esta tensión lleva a que uno mismo se sienta abrumado ante tanta exposición y solo se fije en su propia imagen y active la denominada “autovigilancia”.

De forma inconsciente, con la aparición de las videollamadas, hemos sido más conscientes de cómo fruncimos el ceño al enfadarnos, de cuáles son nuestros gestos más recurrentes y de cómo es nuestra sonrisa. Esta práctica puede acarrear efectos más negativos, como el fenómeno llamado “dismorfia de Zoom, que genera una distorsión de nuestra propia imagen al verla durante mucho tiempo.   

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La conclusión a la que deberíamos llegar es que deberíamos abrazar esas manías gestuales que tenemos, ya que es lo que nos hace únicos. Deberíamos preocuparnos menos por nuestra imagen corporal y más por esta pérdida de naturalidad que estamos viviendo.   

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