
El aumento de las personas que se miran a sí mismas y fuerzan algunos gestos durante las reuniones ha llamado la atención a muchos expertos que no han dudado en analizar esta dinámica.
En este sentido, el ciberpsicólogo Andrew Franklin lo definió como una sensación de la adolescencia que también puede pasarle a los adultos: la audiencia imaginaria. Franklin aseguró que “muchos adolescentes lidian con algo llamado audiencia imaginaria, es decir, que en sus mentes creen que las personas a su alrededor realmente están prestando atención a cada movimiento que hacen”.
La tensión va en aumento con el número de las personas que están presentes, así como también la obsesión de querer observar los detalles gestuales. Esto nos lleva a ser más críticos con nuestra expresión corporal. Toda esta tensión lleva a que uno mismo se sienta abrumado ante tanta exposición y solo se fije en su propia imagen y active la denominada “autovigilancia”.
De forma inconsciente, con la aparición de las videollamadas, hemos sido más conscientes de cómo fruncimos el ceño al enfadarnos, de cuáles son nuestros gestos más recurrentes y de cómo es nuestra sonrisa. Esta práctica puede acarrear efectos más negativos, como el fenómeno llamado “dismorfia de Zoom”, que genera una distorsión de nuestra propia imagen al verla durante mucho tiempo.
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