
El término hace referencia a la decisión de retrasar voluntariamente la hora de acostarse para recuperar durante la noche parte del tiempo libre que no hemos tenido durante el día. El psicólogo Alfredo Rodríguez Muñoz ha explicado en Cadena SER que se trata de una forma de «robarle» horas al sueño para recuperar ese tiempo. El experto lo relaciona con una sociedad en la que el descanso ha terminado ocupando un lugar secundario ante otro tipo de actividades.
Durante el día hay trabajo, estudios, desplazamientos, tareas domésticas, familia y otras obligaciones. Cuando finalmente llega la noche, aparece la sensación de que esas horas son las únicas que pertenecen realmente a uno mismo.
Por eso, aunque el cuerpo pida descanso, algunas personas deciden retrasar voluntariamente el momento de dormir. Una serie, un vídeo, un rato de conversación o navegar por Instagram pueden parecer una pequeña recompensa después de un día ocupado.
La llamada procrastinación del sueño no debe confundirse con el insomnio. En el primer caso, la persona retrasa conscientemente el momento de dormir aunque podría hacerlo. La investigación sobre la procrastinación a la hora de acostarse ya había relacionado este comportamiento con dormir menos y experimentar más cansancio durante el día.
El problema aparece cuando ese comportamiento se convierte en una rutina. Dormir menos de lo necesario puede afectar a la atención, al estado de ánimo y al rendimiento durante el día. También puede tener consecuencias sobre la salud cuando la falta de sueño se mantiene en el tiempo.
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