
Y aunque cada edición llega cargada de novedades cinematográficas, hay una pregunta que se repite cada año entre muchos espectadores y fanáticos del séptimo arte: ¿por qué el mayor reconocimiento del cine español lleva el nombre de un pintor y no el de un cineasta, como cabría esperar?
La respuesta a la pregunta nos lleva a mediados de los 80, un momento clave para el cine. Fue precisamente en 1985 cuando un grupo de cineastas y profesionales del sector decidió unirse para impulsar la creación de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.
Con su creación pronto surgió la necesidad de crear unos premios que sirvieran para reconocer y proyectar el talento nacional, al estilo de los Oscars, y con ello la elección de un nombre.
Pero, ¿por qué el pintor? Lo cierto es que la figura de Goya encarnaba varios atributos que los académicos consideraron perfectos para simbolizar el espíritu del cine español: proyección internacional, arraigo cultural y un estilo pictórico dotado de una narrativa visual muy cercana al lenguaje del cine.
Aunque eso no es todo. Había otro detalle que tenía que ver con el nombre. Este era corto, contundente y fácilmente reconocible, al nivel de otros premios internacionales, lo que ayudaba a dotar a los galardones de una identidad fuerte.
El nombre de Goya no solo pasó a protagonizar los premios del cine español, sino que además su imagen se convirtió en el tan codiciado galardón, comúnmente llamado ‘cabezón’.
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