
La explicación es bastante sencilla. El ibuprofeno es un medicamento muy usado para aliviar dolores leves o moderados y reducir la inflamación. Lo hace frenando unas sustancias del cuerpo que provocan dolor e hinchazón. La cafeína, por su parte, es un estimulante que actúa sobre el sistema nervioso y puede ayudar a que el analgésico se absorba antes y funcione mejor.
De hecho, un ensayo clínico publicado en Evidence for Self-Medication comprobó que una combinación de 400 miligramos de ibuprofeno con 100 miligramos de cafeína fue más eficaz para tratar el dolor agudo que el ibuprofeno solo. En el estudio, realizado en pacientes tras una extracción dental, quienes tomaron ambos componentes notaron el alivio antes y durante más tiempo.
Añadir cafeína a ciertos analgésicos, en cantidades moderadas, puede aumentar su eficacia sin que se disparen los efectos secundarios cuando se usan durante poco tiempo.
Eso sí, no todo el mundo debería mezclar café y medicamentos sin pensarlo. La cafeína puede provocar nerviosismo, problemas para dormir o molestias en el estómago, sobre todo si se consume en exceso o si ya se toman otras bebidas con cafeína, como refrescos o bebidas energéticas.
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