
La respuesta depende, en parte, de la compañía aérea y del aeropuerto. Sin embargo, existen algunas facilidades que pueden hacer que el viaje sea más cómodo. Aena, por ejemplo, recoge recomendaciones específicas para las pasajeras embarazadas y recuerda que las condiciones pueden variar según la aerolínea.
Por eso, antes de volar conviene consultar las normas de la compañía con la que se va a viajar. También es recomendable informarse sobre los servicios disponibles en el aeropuerto de salida.
Una de las más comunes tiene que ver con las filas. En muchos aeropuertos existen filtros de seguridad con acceso preferente para familias y también pueden utilizarlos las mujeres embarazadas.
Otra de las cuestiones que puede generar dudas es el control de seguridad. Estar embarazada no significa que haya que evitar los controles habituales. De hecho, la normativa europea establece que los escáneres corporales que se utilizan en los aeropuertos de la Unión Europea no pueden emplear radiación ionizante.
Además, cualquier pasajero puede solicitar no pasar por un escáner corporal. En ese caso, el control debe realizarse mediante un método alternativo, que puede incluir un registro manual.
Los aeropuertos pueden ser grandes y recorrerlos puede resultar especialmente incómodo durante el embarazo. Si existen molestias que dificultan caminar, como náuseas intensas o dolor, se puede solicitar asistencia para desplazarse.
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