
Si hablamos del preservativo femenino, no es extraño que muchas personas desconozcan sus ventajas o inconvenientes. Este método anticonceptivo continúa siendo uno de los grandes marginados dentro de la salud sexual, ya que son muchas las mujeres que nunca se han planteado utilizarlo o que apenas han recibido información sobre su funcionamiento.
Esta falta de interés podría estar relacionada con el cansancio generalizado que existe entre este género ante la carga mental que ya asumen con otros métodos hormonales.
Una de las ventajas más evidentes del condón femenino es que no está fabricado con látex, sino con materiales más resistentes y de mayor calidad, como el nitrilo o el poliuretano. Además, su mecanismo de protección es muy seguro, ya que cubre gran parte de la vulva, lo que ayuda a reducir el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual.
Otro aspecto importante es que muchas personas presentan alergia o intolerancia al látex, por lo que este método se convierte en una alternativa especialmente recomendable para ellas.
Sin embargo, en un artículo publicado en El País, la ginecóloga Francisca Molero explica que uno de los principales inconvenientes del preservativo femenino es que lleva más de 30 años sin apenas evolucionar ni actualizarse:
«Es más aparatoso y tiene una estructura más complicada de colocar. Además, como no se adapta tan bien a la vagina como el masculino al pene, pueden formarse pliegues y eso provoca que, en ocasiones, se produzcan ruidos durante el coito, algo que no gusta a muchas personas».
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