
Uno de los fallos que más se repite es querer correr demasiado desde el primer momento. A esto se suma otro factor muy habitual hoy en día: compararse con otros corredores a través de aplicaciones y redes sociales. Ver ritmos, kilómetros y marcas ajenas puede generar una presión innecesaria y llevar a forzar más de la cuenta.
Así lo explica Cory Leslie, entrenador especializado en técnica de carrera: «Muchos corredores novatos se obsesionan con los datos y se comparan con lo que hacen otros en aplicaciones. Es importante recordar que hay muchas formas de alcanzar tus objetivos sin copiar exactamente lo que hace otra persona«.
Según el experto, el problema no es la motivación, sino la falta de paciencia. Al principio el cuerpo responde bien, lo que lleva a pensar que se puede correr más y más rápido cada día. Pero ese exceso suele pasar factura en forma de cansancio extremo o lesiones que obligan a parar.
«Es mucho mejor acumular semanas de carrera sencilla que intentar ir demasiado rápido. La constancia y la paciencia son la clave para disfrutar del running a largo plazo», señala Leslie.
Los especialistas recomiendan comenzar con dos o tres días de carrera a la semana, a un ritmo cómodo que permita hablar sin jadear. Aumentar progresivamente la frecuencia y la distancia ayuda a que músculos y articulaciones se adapten al impacto.
El entrenamiento de fuerza es otro pilar fundamental. Trabajar en el gimnasio permite corregir desequilibrios musculares y proteger zonas sensibles como caderas, rodillas e isquiotibiales. Igual de importante es el descanso, la hidratación y reponer energía tras cada entrenamiento.
Invertir en un buen calzado adaptado a cada persona y no obsesionarse con marcas ajenas es esencial para evitar frustraciones. El running no debería convertirse en una carrera constante contra los demás.