
Y es que Hacienda ha comenzado a poner el foco en estas operaciones bancarias, por lo que conviene estar al corriente de la línea que separa una venta puntual de una actividad cuyos ingresos habría que declarar.
La culpa de este mayor control de las operaciones de venta de segunda mano está en una norma europea, la Directiva DAC7, que entró en vigor en 2024 y que obliga a las plataformas digitales de compraventa a informar a la Agencia Tributaria sobre la actividad de los usuarios. El objetivo es descubrir cuándo estas ventas dejan de ser algo ocasional y pasan a generar ingresos relevantes.
Hay tres situaciones que debes tener en cuenta, pues hacen saltar las alertas. La primera es el dinero ingresado por estas ventas. Si a lo largo del año se superan los 2.000 euros, la plataforma se lo notifica a Hacienda. La segunda tiene que ver con la frecuencia, y es que realizar más de 30 operaciones en un mismo año también activa ese control automático. Y la tercera es la de obtener un beneficio real por las ventas. Es decir, vender una prenda por más dinero del que costó en su día.
La mayoría de la ropa usada se vende por un precio menor al original, algo lógico por el desgaste y el paso del tiempo. En estos casos no hay que pagar impuestos, pues se considera una pérdida patrimonial.
La cosa cambia cuando sí hay beneficio. Esto puede ocurrir, por ejemplo, con ropa de edición limitada, artículos vintage o prendad que se han revalorizado con el paso de los años. En estos casos la ganancia debe incluirse en el IRPF, aunque se trate de ventas entre particulares.
No cumplir con estas obligaciones puede tener consecuencias. Las sanciones pueden empezar en 300 euros y aumentar en función de la gravedad, además de dar lugar a inspecciones o recargos. Si quieres curarte en salud, guarda todos los justificantes de ventas, lleva un control de las mismas y, ante cualquier duda, consulta con un asesor fiscal sobre el asunto.