
Cuando llega una jornada electoral, hay tres conceptos que suelen mezclarse: voto en blanco, voto nulo y abstención. Pero no significan lo mismo y, sobre todo, no tienen el mismo efecto en el recuento.
Es un voto válido. En las elecciones al Congreso, por ejemplo, consiste en introducir en la urna un sobre sin papeleta. En el caso del Senado existen algunas particularidades. Dicho de forma sencilla: vas a votar, pero no marcas ninguna candidatura.
Ese voto sí aparece en el recuento y se contabiliza de forma separada de los votos obtenidos por cada partido.
Aquí sí hay una diferencia importante. El nulo es aquel que no cumple las condiciones establecidas para ser válido. Puede ocurrir, por ejemplo, si utilizas una papeleta que no es la oficial, introduces papeletas de candidaturas diferentes en el mismo sobre o modificas voluntariamente una papeleta. También puede ser nulo si contiene determinadas anotaciones, tachones o alteraciones.
En este caso, ese voto no se suma a los votos válidos.
La abstención es todavía más sencilla: estás censado y puedes votar, pero decides no acudir a hacerlo. Por tanto, no hay papeleta ni sobre que introducir en la urna y ese elector no aparece entre quienes han ejercido su derecho a votar.
La forma más fácil de recordarlo es:
Blanco: voy y voto, pero no elijo candidatura.
Cada persona tiene sus motivos y su manera de participar, pero tener claro qué estamos haciendo nos ayuda a decidir con más tranquilidad y sin confusiones.